Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«¡Sálvame, Señor mi Dios, porque en ti busco refugio! ¡Líbrame de todos mis perseguidores! De lo contrario, me devorarán como leones; me despedazarán, y no habrá quien me libre. Señor mi Dios, ¿qué es lo que he hecho? ¿qué mal he cometido? Si le he hecho daño a mi amigo, si he despojado sin razón al que me oprime, entonces que mi enemigo me persiga y me alcance; que me haga morder el polvo y arrastre mi honra por los suelos.

¡Levántate, Señor, en tu ira; enfréntate al furor de mis enemigos! ¡Despierta, oh Dios, e imparte justicia! Que en torno tuyo se reúnan los pueblos; reina sobre ellos desde lo alto. ¡El Señor juzgará a los pueblos! Júzgame, Señor, conforme a mi justicia; págame conforme a mi inocencia. Dios justo, que examinas mente y corazón,
acaba con la maldad de los malvados y mantén firme al que es justo.

Mi escudo está en Dios, que salva a los de corazón recto. Dios es un juez justo, un Dios que en todo tiempo manifiesta su enojo. Si el malvado no se arrepiente, Dios afilará la espada y tensará el arco; ya ha preparado sus mortíferas armas; ya tiene listas sus llameantes saetas. Miren al preñado de maldad: Concibió iniquidad y parirá mentira. Cavó una fosa y la ahondó, y en esa misma fosa caerá. Su iniquidad se volverá contra él; su violencia recaerá sobre su cabeza. ¡Alabaré al Señor por su justicia! ¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!» (Salmo 7:1-17)

Uno solo puede dar alabanzas a Dios en medio del menosprecio y el sufrimiento, cuando se entiende que Dios siempre tiene todo en control, que nos está enseñando algunas lecciones y que finalmente todo terminará a nuestro favor. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Rom. 8:28).
Este es un salmo de David llamado “Sigaion”, porque expresa los sentimientos de David; en este caso, a causa del peligro o persecución que estaba experimentando. Con este salmo aprendemos de qué forma debemos comportarnos cuando enfrentamos situaciones y a personas que nos quieren hacer daño. David era aún muy joven cuando escribió este salmo, en la época cuando Saúl le perseguía. Casi siempre enfocamos nuestra atención en David, pero dejamos de lado y sin reconocimiento a aquel quien formó a David; la espiritualidad, carácter y demás actitudes de David se debían a que tuvo un excelente padre: Isaí.
En este salmo David señala a sus enemigos como una fiera que desgarra a su presa (7:1-2). Al parecer Saúl tenía a alguien (Cus, en el título) que le decía cosas de David (7:3-4). Una de las tantas cosas que aprendemos de David es su transparencia o sinceridad delante de Dios; las veces que pecó, lo confesó todo a Dios y hasta lo escribió, como para que quedara en la memoria de la gente su falta ante Dios; nada dejaba oculto (¿Quién de nosotros es capaz de hacer esto?). En otros momentos, como lo vemos en este salmo, David apelaba frecuentemente a la justicia de Dios, presentando delante de él su mente, conciencia y corazón totalmente limpios; es decir, su total transparencia o inocencia delante de Dios (¿Alguien de nosotros es capaz de ser así de transparente delante de Dios? ¿Qué tan sincero somos cuando alegamos nuestra inocencia delante de otros?) Quizás seamos inocentes en algún tema específico, pero aquí se habla de aplicar justicia a la vida total (7:5-16). Recuerde el uso frecuente de la sinécdoque (mención del todo por la parte o la parte por el todo), especialmente en los salmos.
Como era costumbre del salmista, el siempre quiso terminar sus súplicas con alabanza a Dios y en este caso, de forma muy personal, no basado en su justicia, sino en la justicia de Dios.
Necesitamos aprender mucho de cómo debe ser nuestro comportamiento moral y espiritual no solo delante de Dios, para que nos sirva de argumento para apelar a su justicia, sino también delante de nuestros enemigos y circunstancias adversas, que no nos desvíe del verdadero camino o a hacer cosas en las que seamos los grandes perdedores.
David aprendió a confiar en Dios, a orar a Dios, a examinarse a sí mismo frecuentemente, a dar testimonio de la justicia de Dios, a confesar con transparencia su pecado delante de Dios, a prevenir a los demás de los juicios de Dios y finalmente a alabar a Dios conforme a su justicia. Todo eso lo vemos en este salmo. Aprendamos y pongamos en práctica de vida todo lo que Dios nos enseña (a veces con sufrimiento) y seremos para él y para las gentes los bienaventurados entre todos los demás. Paz sea siempre en nuestros corazones y alabanzas permanentes en nuestros labios para Dios. Aprendamos a confiar en Dios.

Feliz día y bendiciones para todos.

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