Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Los discípulos se acercaron y le preguntaron: —¿Por qué le hablas a la gente en parábolas? —A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Por eso les hablo a ellos en parábolas: »Aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: »“Por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han embotado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría.” Pero dichosos los ojos de ustedes porque ven, y sus oídos porque oyen. Porque les aseguro que muchos profetas y otros justos anhelaron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron». (Mateo 13, 10 – 17 – NVI)

Este es el capítulo en el que Mateo registra las siete parábolas describen o ilustran lo que es el reino de Dios. Entre varias definiciones que hay me gusta esta: “Parábola es la extensión de un símil o comparación”. Hay parábolas y hay dichos parabólicos; los dichos parabólicos son ilustraciones muy cortas, como por ejemplo: “es más fácil pasar un camellos por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (19:24); generalmente son símiles no extendidos: Rico-reino de los cielos; camello-ojo de una aguja. Entre parábolas y dichos parabólicos de Jesús, los evangelistas registran 91; 43 y 48 respectivamente (algunos difieren en número por la forma como las o los clasifican).

El término “parábola” (en hebreo = mashal y en griego = parabolé) tiene el sentido de “pensar por medio de o a través de imágenes”; sin embargo, aunque el griego traduce “mashal” por “parabolé”, su sentido no es exactamente el mismo. El Antiguo Testamento no hace distinción entre parábola, fábula y alegoría; todas esas narraciones se consideran “mashal”. De la misma manera tampoco hace diferencia entre adivinanza, enigma y acertijo. En el Nuevo Testamento el término “parabolé” se diferencia de las otras dos en significado, contenido y propósito.

Jesús no solo tuvo especial preferencia por el uso de las parábolas en sus enseñanzas, sino que también tuvo una excelente y especial habilidad para componerlas; todas las parábolas que usó fueron de su autoría y todas con base en la vida real y cotidiana. De acuerdo a nuestro texto de hoy, ¿Con qué propósito Jesús utilizaba las parábolas? Reconocemos que este es un texto difícil de explicar, especialmente por las implicaciones morales que a primera vista se perciben. ¿Las parábolas tratan de ocultar una verdad? ¿Y si es así, a quienes y por qué? Parece como si Jesús (o Dios) no quisiera que algunos se arrepientan y se salven.

Algunos han tratado de resolver el problema traduciendo de manera diferentes el texto. La parte donde en Marcos 4:12 dice: “para que no se conviertan…”, la traducen: “a menos que se conviertan…”; y así solucionan el problema. Pero este no es el sentido del texto tomado de Isaías 6:9-10 nl el sentido dado por Jesús. Lo que podemos ver es que tampoco Jesús lo usó en el mismo sentido en el que aparece en Isaías, pues el contexto y propósito es diferente. El mensaje de Isaías es para producir un efecto en la gente después de predicarlo; el mensaje de Jesús es para hacer evidente algo que ya está en la gente; obsérvese el uso del presente indicativo activo de los tres verbos del versículo 14. En Isaías es diferente, están en imperativo (6:10). En el contexto de Mateo, la gente no quiere ver, ni oír, ni entender; es diferente en Isaías.

Jesús usa este texto como para dar a entender que el mensaje de Isaías setecientos años atrás, pareciera que todavía tiene efecto y el “hasta” del efecto (6:11-12) aun parece no haberse cumplido; el pueblo se quedó estancado en el pasado con su ceguera, su sordera y falta de entendimiento; entre ellos están los llamados “sabios y entendidos” Mt. 11:25). Con los discípulos es diferente, estos tienen hambre por la verdad y por eso sus ojos, oído y entendimiento han sido abiertos por lo menos en gran parte y el Señor se esfuerza con ellos (Mt. 13:11). Recordemos que algunas de las cosas que Jesús dijo, ellos no las entendiendo sino hasta después de la resurrección. Por esto también Jesús aplica con sus discípulos el principio de la parábola de los talentos (25:29).

El evangelio de Jesucristo (o evangelio del reino) es como una ventana o puerta abierta: Si usted está afuera, puede ver lo que está adentro; pero si usted está adentro, puede ver lo que está afuera. Aquí es bien explicativo el pasaje de Lucas 13:22-30. Para comenzar de verdad a entender el evangelio, es necesario tener hambre por la verdad, es necesario esforzarnos por estar dentro, al lado al lado y en comunión el Señor. Su Espíritu Santo abre nuestros ojos para ver, nuestros oídos para oír y nuestro entendimiento para entender la verdad de Dios.

Tenemos una oportunidad y privilegio que aun los profetas del Antiguo Testamento no tuvieron, a pesar de la gran revelación que recibieron: Ver, oír y entender las cosas maravillosas del evangelio del reino de los cielos. Entonces, ¿Por qué no dar valor y prioridad a nuestra comunión con el Señor? ¿Por qué no evidenciar nuestra hambre y sed de la palabra?

Feliz día y bendiciones para todos.