Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, el Señor ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de

Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.

Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño». (Éxodo 35, 30-35)

Efectivamente, tal como Dios lo había mandado en Éxodo 31, 1-11 (Reflexión anterior), Moisés presenta ante “los hijos de Israel” a Bezaleel y a Aholiab, como como las personas llamadas por Dios para dirigir la construcción del tabernáculo. Describe y resalta desde luego, las cualidades, capacidades y formación de estos hombres, lo cual acredita su llamamiento de parte de Dios para semejante obra.

El nombre de “Bezaleel” significa “en la sombra de Dios” o “protegido por Dios”; era de la tribu de Judá, cuyo significado es “alabanza, acción de gracia”. El nombre “Aholiab” significa “tabernáculo del padre” y era de la tribu de Dan, cuyo significado es “vindicador, juez”. Cuando Dios nos llama, él da significado, destino y sentido a nuestros nombres. ¡Aleluya!

Cuando uno es verdaderamente llamado por Dios para una obra cualquiera que sea, que bueno es ser reconocido y confirmado públicamente por la autoridad local estatuida y reconocida del momento; es una de las razones por las que existen en nuestras iglesias los niveles de escalamiento u ordenación de los llamados al santo ministerio. El apóstol Pablo (Saulo) era miembro de la iglesia de Antioquía; allí y por mandato del Espíritu Santo, él y Bernabé fueron reconocidos y ordenados al ministerio (Hechos 13, 1-3); eso mismo enseñaba y hacía con otros (2 Tim. 1, 6; 1 Tim. 4, 14).

Dios al capacitarnos en su escuela está pensando en grandes cosas para nosotros; aún antes de capacitarnos ya nos tiene un llamado, una tarea para realizar; de allí que necesitamos estar permanentemente en su escuela para llegar a ser obreros APROBADOS (2 Tim. 2, 15). Algunos, con la capacidad que Dios les ha dado se convierten en estorbo y críticos de lo que los demás hacen para Dios; el Señor nos capacita para que seamos “perfectos, enteramente preparador para TODA BUENA OBRA” (2 Tim. 3, 17).

Para todos los que como Bezaleel y Aholiab hemos pasado o estamos en la escuela de Dios, esperemos muy pronto su llamado y/o confirmación para algo grande de parte de Dios. No muchos tuvieron la oportunidad de participar como obreros en la construcción del tabernáculo del Señor; hoy todos podemos participar en una o más de las distintas áreas o ministerios de la obra del Señor. ¿Estamos listos para cosas grandes? Con un antiguo coro cantábamos: “Estoy listo, él me llama; estaré en la viña del Señor. Yo estaré en la viña trabajando, en la viña del Señor”.

BENDICIONES PARA TODOS.