Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo: «Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados.

Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. 

»Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes». (Mateo 5:1-12)

El sermón del monte es uno de los pasajes más sublimes del evangelio de Mateo. Comprende tres capítulos (5, 6 y 7) comenzando con ocho bienaventuranzas. En un monte, quizá no lejos de Capernaum, a la usanza formal de un rabino judío cuando enseñaba la Ley, Jesús se sienta y abre su boca para exponer lo que algunos llamamos la “Carta Magna del Reino”, el “Manual de Ética del Reino” o el “Proyecto de vida en el Reino.” Muchos querrán llamarla charla o la conferencia sobre el reino.
El término “bienaventurado” (griego = makários) bien puede traducirse por “felicitaciones para…”. Ejemplo: “Felicitaciones para los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (5:8). Por alguna razón idiomática que desconozco, no es común que los comentaristas traduzcan así; pero creo que así damos un mayor énfasis al significado del término en griego. También creo que aunque no tenga el énfasis preciso del término en griego, al estilo de algunos de nuestros líderes de alabanza hoy, podríamos también traducir: “Un fuerte aplauso para los pobre en espíritu…” (5:3). Lo contrario es el “ay” (griego = ouai), que bien puede traducirse: “¡Lo siento, ( o qué pena con vosotros) ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo (Lucas 6:24). Todo dentro de un contexto donde es pertinente el énfasis.
Las bienaventuranzas revelan una imagen auténtica del pueblo de Dios y nos dan una idea del perfecto discipulado de Jesús a los llamados por él para ser parte de su reino. La meta resultado de este discipulado está claramente expresada en 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestros Padre que está en los cielos es perfecto”. En este discipulado uno no escoge a qué grupo de bienaventurados quiere pertenecer y dejar el resto; esto es un todo, así como lo es la multiforme gracia de Dios y de esta manera debemos tomarlo. El verdadero discipulado es el trabajo que hace el que enseña para sembrar en el corazón del discípulo un carácter, unos valores y unos principios que le orienta hacia la adopción de un estilo de vida, una manera de pensar, una manera de actuar de acuerdo con Dios. Jesús lo logró con sus discípulos y nos deja ese reto en la gran comisión (Mateo 28:18-20).

Cada una de las bienaventuranzas en el texto de hoy apunta a una característica especial del bienaventurado:

  • Los que no confían en sí mismos como auto-suficientes;
  • Los que por motivos morales y espirituales se han arrepentido;
  • Los que como una mascota son dóciles al Señor;
  • Los que quieren hacer siempre lo que es correctos;
  • Los que son sensibles a la necesidad de los demás y con disposición a perdonar;
  • Los que tienen un solo pensamiento en Dios o ánimo sin doblez;
  • Los que siguen la iniciativa divina para la paz con Dios y con los demás;
  • Los que a pesar de todo hacen lo que es justo y siguen al Justo, al Señor.

Si en verdad hemos recibido el discipulado del Señor, estos serán los valores y principios que se evidenciarán en la formación de nuestro carácter como miembros del reino de Dios y estos mismo valores y principios transmitiremos a los demás.

FELIZ DÍA, DIOS TE BENDIGA.

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