Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: —Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Le respondieron: —Descendientes de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”? Jesús les respondió: —De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres. (Juan 8:31-36)

El ser humano ama la libertad más que la vida; en la historia se ha demostrado. El clamor por la libertad podemos decir, es el mayor de los contenidos de los libros de historia y de la literatura mundial, especialmente en los últimos quinientos años. El hombre sueña, habla, lucha y hasta muere por la libertad. Sin embargo, parece nunca encontrarla y disfrutarla a plenitud. Lo bien raro es que los “creyentes” de nuestro texto afirman no necesitar la libertad; dicen: “jamás hemos sido esclavos de nadie” (v.33). Algunos pensaban que por conocer la Ley de Moisés ya eran libres y declaraban malditos a los que no la conocían (7:49). Interesante; bajo el pensamiento de que ellos no necesitan ser liberados se basa toda la discusión que sigue.

Jesús aquí habla a quienes ya (supuestamente) habían puesto su fe en él (8:30-31) y les dice cómo realmente ser verdaderamente libres (v. 31-32):

– El primer paso es haber creído; esto implica arrepentimiento, conversión y fe en Cristo. Todas las promesas de parte de Dios son para los que tienen fe, no para los incrédulos. Además, “fe en Cristo” implica que se entra en una relación de intimidad (comunión-confianza) con él.

– El segundo paso es permanecer en la palabra; esto implica que se ha nacido de nuevo en la familia de Dios; y como todo recién nacido, al crecer aprende a hablar el lenguaje que habla esa familia y el lenguaje que hablará toda su vida si permanece en esa familia. Ah… y la prueba de que la fe es auténtica se demuestra por la permanencia en la Palabra.

– El tercer paso es conocer la verdad; esto implica saber y vivir las cosas tal como son. Cuando alguien quiere utilizarnos o aprovecharse de nosotros, jamás nos dirá la verdad; Cristo nos da apertura a la verdad a través de la Biblia (5:39); es así como llegamos a ser verdaderamente libres. La verdad siempre nos conduce hacia la libertad; jamás hacia la esclavitud. (Juan 8:37-47)

Hay mucha diferencia entre ser hijo de un gran personaje y ser hijo de Dios. Podemos ser miembros de una familia muy prestigiosa, aun de líderes religiosos reconocidos y no ser hijos de Dios. De hecho, por eso muchos todavía hablan el idioma de su familia y no el idioma de Dios como en este caso. Jesús por un momento sacude fuertemente las conciencias de estos “creyentes”, porque aunque (supuestamente) han creído en él, todavía ve y oye que tienen el lenguaje de su antigua filiación; sacude sus conciencias haciéndolo de varias maneras:

– Les acusa por no comportarse como hijos de Abraham (39-40);
– Les condena por no actuar como hijos de Dios (41-42);
– Les inquiere la razón para no entender su lenguaje (43);
– Les declara de quien son hijos y a quien quieren complacer (44);
– Les recrimina por no creer la verdad que les ha expuesto (45);
– Les desafía a que le llamen la atención por algún pecado (46).
– Les hace una afirmación bien dura: “no sois de Dios” (47).

¿Qué descubrimos en este pasaje? Que ciertamente algunos judíos habían creído en Jesús (8:30-31), pero que muchos de ellos habían creído a su manera y solo lo que querían creer de Jesús. En el lenguaje que utilizan contra Jesús se descubre que no hubo verdadero arrepentimiento, no hubo verdadera conversión y por lo tanto, no había verdadera fe, la fe que lleva a la salvación y a la verdadera libertad. Fácil engañar, fácil engañarse a uno mismo y hasta exponer doctrinas con la Biblia, pero soportadas en una mentira. A Jesús nadie lo engaña; aquí los puso en evidencia.

Todos necesitamos la libertad y especialmente ser libres del pecado (v.34); para ser verdaderamente libres, para ser verdaderos discípulos del Señor y para ser verdaderos hijos de Dios, hay que dar los tres pasos señalados por Jesús de manera correcta: Verdadero arrepentimiento, permanencia en la palabra y conocimiento de la verdad; esto quiere decir que necesitamos nacer de nuevo en la familia de Dios, que necesitamos aprender el lenguaje de la familia de Dios y que necesitamos conocer y vivir la verdadera realidad de la familia de Dios. ¿Ya hemos dado estos pasos?

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