Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera! ¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia.

Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. »(Rom 6, 15 – 23)

Los enemigos de la gracia de Dios siempre están planteando la posibilidad de que un cristiano puede pecar y no pasa nada; los que se divierten en el pecado siempre están buscando un argumento que les sirve de pretexto para seguir pecando. También hay quienes acusan a la gracia de abrir la puerta para que alguien pueda atentar contra la ley y la santidad de Dios. El argumento teológico que el apóstol disuelve aquí es: Si ya no estamos bajo la ley que nos vigilaba y nos castigaba, sino bajo la gracia que nos libera y nos perdona ¿Por qué entonces no podríamos seguir pecando o por lo menos pecar de vez en cuando?
La respuesta inmediata del apóstol nos indica que es una gran blasfemia tan solo pensar de esa manera. Al argumento planteado en 6:1 Pablo nos sugiere una contra pregunta: ¿Es posible que alguien que ya murió y fue sepultado pueda seguir pecando? Al argumento planteado en 6:15 la pregunta que se nos sugiere es: ¿Es correcto y/o justo olvidarnos de alguien a quien voluntariamente y de todo corazón una vez le prometimos obediencia total? Una persona que ha sido sometida a esclavitud cuyo final es la muerte, pero que luego es libertada para la vida por alguien, ¿querrá esa persona volver a ese estado de esclavitud?

Recordemos siempre lo siguiente:

  • Hubo un tiempo en el que todos éramos esclavos del pecado;
  • Hubo un tiempo en el que no teníamos esperanza de salvación;
  • Hubo un tiempo en el que estábamos bien lejos de la gloria de Dios;
  • Hubo un tiempo en el que todo lo que hacíamos era para recibir como pago la muerte.

Luego de pronto, hubo un momento trascendental:

  • Dios activó su gracia hacia nosotros;
  • Dios nos envió a uno que nos liberó de la esclavitud del pecado;
  • Dios hizo cambiar nuestra situación y condición: De esclavos del pecado a siervos de la justicia; de servir a la inmundicia e iniquidad a (para) servir a la santidad y a la justicia; de dar frutos para la muerte a dar frutos para la vida; de ser siervos del pecado y sin esperanza, a ser siervos de Dios con esperanza segura de salvación.

Entonces, ¿Cómo seguir pecando? ¿Qué es lo justo y correcto que debemos hacer frente a la gracia de Dios? No perdamos la memoria: Nosotros estamos muertos para el pecado, sepultados por el bautismo y resucitados para una nueva vida, la nueva vida que Dios nos da en Cristo; Dios por su gracia nos ha libertado del pecado; de corazón hemos aceptado servir con fidelidad y obediencia a Dios; ahora ya no servimos al pecado para la muerte; servimos a Dios y practicamos justicia y santidad para la vida.

Los seres humanos hemos sido diseñados para servir, o bien al pecado para muerte o bien a Dios para vida. El día que recibimos al Señor Jesucristo en nuestro corazón y creímos en él, rompimos formalmente con el pecado para ser hijos de Dios; hijos engendrados y nacidos de Dios mismo (Jn. 1:12). Entonces, si tenemos la naturaleza de Dios ¿cómo es posible pecar? El solo pensarlo es una blasfemia que ofende a Dios. Vivamos pues nuestra libertad como hijos de Dios, sirviendo a Dios y sirviendo a su justicia para la vida y no al pecado para la muerte.

Dios Nos Bendiga a Todos!