Una causa justa

     Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Oye, oh Señor, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño. De tu presencia proceda mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión. En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas, de la vista de los malos que me oprimen, de mis enemigos que buscan mi vida.

Envueltos están con su grosura; con su boca hablan arrogantemente. Han cercado ahora nuestros pasos; tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra. Son como león que desea hacer presa, y como leoncillo que está en su escondite. Levántate, oh Jehová; sal a su encuentro, póstrales; libra mi alma de los malos con tu espada, de los hombres con tu mano, oh Jehová, de los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida, y cuyo vientre está lleno de tu tesoro. Sacian a sus hijos, y aun sobra para sus pequeñuelos. En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza». (Salmo 17, 1-15)

Este salmo ha sido titulado por algunos como “la oración de una persona inocente”. Siempre hemos resaltado la soberanía de Dios en la ejecución de todos sus actos; y así es; Dios es Soberano. Nadie puede manipular a Dios con palabras, hechos o actitudes, es decir, adoptando una conducta con la intención de conseguir algo de Dios; es muy cierto. Además, Isaías 64:6 dice que “nuestra justicia (es) como trapo de inmundicia (aquí se usa un eufemismo; ¿sabe qué es eso?) y el mismo salmista dice que “no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno”. (Sal. 14:2-3; 53:2-3)

Sin embargo, en muchas ocasiones encontramos al salmista presentando como argumento delante de Dios su propia conducta, para pedir a Dios justicia a su favor. Ezequías también lo hizo cuando supo que iba a morir (2 R. 20:3; Is. 38:3). Entonces ¿Cómo conciliar el hecho de la soberanía de Dios, el hecho que nuestra justicia es como trapo de inmundicia (antiguas toallas higiénicas de las mujeres usadas en su período menstrual) con el hecho que busquemos y ciertamente logremos cosas de Dios usando como argumento nuestra conducta, tal como lo hace el salmista en este salmo? En la Biblia tenemos muchos ejemplos en este sentido.

Hay varias cosas que necesitamos recordar siempre; aquí algunas:

  • Quizá sea atrevido decirlo, pero yo creo que hay cosas que Dios no ha decidido, esperando a ver qué actitud o qué decisión tomamos; como por ejemplo, la segunda venida de su Hijo (2 Pe. 3:9).
  • Si bien Dios es trascendente, él también es inmanente; es decir, él hace historia con nosotros y la revelación que tenemos de él en la Biblia, es el resultado de su actuar con la humanidad.
  • Dios es persona, con todos los sentimientos y emociones que puso en nosotros cuando nos creó, pero en perfección (antropopatismo). ¿Cómo relacionarnos con alguien (o algo) que es como una máquina, piedra o cosa inerte y sin sentimientos? En esa forma ¿Qué sentido tendrían nuestras oraciones dirigidas a él? (Animismo).
  • ¿Qué sentido tiene que Dios en su palabra nos pida cierto tipo de conducta moral, espiritual y social, que si bien nos ayuda a la convivencia, nada tiene que ver con sus decisiones? ¿Por qué entonces se nos juzga (en presente y futuro) por nuestra buena o mala conducta?
  • ¿Por qué hablamos de la “voluntad de Dios” si en el pensamiento de algunos él no la utiliza, pues ya todo está decidido desde la eternidad?. en el término está implícita su soberanía, pero también su atención a nuestras necesidades y no en forma mecánica.

Estas y muchas otras preguntas nos obligan a buscar una respuesta con respecto a la soberanía de Dios. Para una respuesta, es importante tener en cuenta que, quien evalúa y le califica nuestra conducta es Dios mismo. En esto son muy conscientes los salmistas y a veces le piden a Dios que les evalúe (Sal. 26:1-2; 139:1, 23). No porque yo diga que soy justo y bueno Dios me va a escuchar, él decidirá según sea la sinceridad de mi corazón. Ahora, si yo estoy siempre con Dios y si soy su huésped permanente, de alguna manera me lo hará saber y me revelará su voluntad al respecto; de algo sirve ser un huésped de Dios, de estar cerca de Dios, de caminar con Dios, de mantener una relación adecuada con Dios.

Jesús dijo “Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ese oye” (Jn. 9:31). En nuestro caso, Jesús mismo nos sirve de Intermediario ante el Padre frente a cualquier necesidad (Jn. 14:13, 14; 15:7, 16; 1 Jn. 2:1). En estas condiciones, sirve totalmente buscar refugio en Dios; sirve totalmente ser un huésped de Dios; sirve total presentar como argumento a nuestras peticiones, nuestra conducta delante de Dios; sirve totalmente hacerle peticiones a Dios como la del salmista en este salmo y decir “Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas” (Sal. 17:8). Que así sea.

BENDICIONES PARA TODOS.

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