Tú has sido nuestro refugio

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación. Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, cuando dices: «¡Vuélvanse al polvo, mortales!» Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche. Arrasas a los mortales. Son como un sueño. Nacen por la mañana, como la hierba que al amanecer brota lozana y por la noche ya está marchita y seca.

Tu ira en verdad nos consume, tu indignación nos aterra. Ante ti has puesto nuestras iniquidades; a la luz de tu presencia, nuestros pecados secretos. Por causa de tu ira se nos va la vida entera; se esfuman nuestros años como un suspiro. Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, sólo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros.

¿Quién puede comprender el furor de tu enojo? ¡Tu ira es tan grande como el temor que se te debe! Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. ¿Cuándo, Señor, te volverás hacia nosotros? ¡Compadécete ya de tus siervos! Sácianos de tu amor por la mañana, y toda nuestra vida cantaremos de alegría. Días y años nos has afligido, nos has hecho sufrir; ¡devuélvenos ahora ese tiempo en alegría! ¡Sean manifiestas tus obras a tus siervos, y tu esplendor a sus descendientes! Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos; sí, confirma la obra de nuestras manos». (Salmo 90, 1-17)

No importa cuántos años podamos llegar a vivir en esta vida, lo cierto es que no hay forma de comparar nuestros años con la eternidad de Dios; y si lo intentamos, la gran mayoría de nosotros ni siquiera alcanzamos a vivir la décima parte de lo que puede ser un día para Dios.
Este salmo fue escrito por Moisés según el título; aquí se destaca la presencia permanente de la muerte. ¿Sabe usted a cuántas personas vio morir Moisés en los cuarenta años que dirigió a Israel en el desierto? El día de la adoración al becerro de oro “cayeron del pueblo… como tres mil hombres” (Ex. 32:28); el día de la rebelión de Coré murieron más de catorce mil setecientos hombres (Num. 16:49); el día que tentaron a Dios, murió un sin número de gentes por picadura de serpientes (Num. 21:6); el día que el pueblo cayó en fornicación con las hijas de Moab murieron veinticuatro mil hombres (Num. 25:9). Estos entre muchos otros casos más, aparte de los que murieron de muerte natural; ese es el trasfondo de este salmo. (¿A cuántas personas a visto morir usted?).También se puede notar alguna similitud con apartes del capítulo 32 de Deuteronomio.
Algunos eruditos consideran que los salmos 90 a 100 fueron escritos por Moisés, uno para cada tribu, excepto la tribu de Simeón, la cual no es mencionada en las bendiciones de Deuteronomio 33, quizás porque un jefe de esa tribu fue el causante de la mortandad narrada en Números 25. En el orden, este salmo 90 estaría dedicado a Rubén.

Con este salmo comienza el cuarto libro de los salmos, que termina con el capítulo 106. Según Lutero, este salmo tiene el propósito de llamar la atención a la gente orgullosa; a la gente que se siente segura de sí misma sin considerar su maldad y pecado; sin considerar que no tenemos el control del tiempo a vivir.

La expresión “desde el siglo y hasta el siglo” es una expresión figurada en el hebreo; indica que el tiempo se desvanece en los extremos (en el pasado y en el futuro) y no sabemos que hay allá; pero Dios ES de extremos a extremo del tiempo. En un punto de ese tiempo Dios creó la tierra; en un punto de ese tiempo Dios formó al hombre del polvo de la tierra y en un punto de ese tiempo el hombre será cortado de la tierra como la hierba. Entre el punto del nacimiento y el punto de ser cortado pueden pasar setenta u ochenta años; ni siquiera la décima parte de lo que puede ser un día para Dios. Daniel (7:9) describe a Dios como un “Anciano de días”. Intentemos ponerle un límite de años a Dios y digamos que él tiene 80 años; en 80 años hay un poco más de 29.200 días; cada día corresponde a mil años nuestros; haga cuentas. Nosotros solo alcanzamos a vivir el 8% de tan solo uno de esos días, si es que llegamos a la ancianidad, es decir a los ochenta años.

¿Quién nos consideramos nosotros, siendo que no tenemos el control de tiempo a vivir? Y eso que hasta aquí hemos hablado de “mil años… como el día de ayer que pasó” (90:4); el texto también habla de “mil años…como una de las vigilias de la noche”. En el Antiguo Testamento una “vigilia” corresponde a la tercera parte de una noche; es decir, a cuatro horas. Ahora vuelva a hacer cuentas; cuatro horas equivalen a mil años. Entonces,

¿Qué porcentaje de esas “horas divinas” alcanzamos a vivir?
Con respecto al versículo 8, Chafer acostumbraba a decir que “cualquier pecado secreto en la tierra es un escándalo público en el cielo”; es que no solo Dios lo ve, los ángeles también lo ven. El pecado no nos permite recibir la bendición de Dios y disfrutarla en pleno.
La expresión del verso 9, “acabamos nuestros años como un pensamiento” es otra expresión figurada; aquí hay dos ideas: Primero, cada año nuestro pasa como un suspiro para Dios; y segundo, se dice que por la mente de una persona mientras está despierta pasan en promedio diez mil pensamientos en un día; así de rápido pasan los años; a veces no alcanzamos a disfrutarlos por estar peleándonos los unos contra los otros, por estar preocupados por las cosas de esta vida, por estar pensando en maldades; de añadido vienen los problemas, las enfermedades, la escasez, la gente que nos quiere hacer daño, más todas las consecuencias de nuestras malas decisiones y acciones. Se nos va la vida y no la disfrutamos. Este salmo también nos conecta con el pensamiento del Eclesiastés, en el sentido de disfrutar la vida.

La oración concluyente de Moisés a Dios frente a toda esta realidad de la vida es: Señor, “enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (90:12). Cada día que pasa nos hacemos más viejos, se van reduciendo las oportunidades y tenemos que darle paso a otro. ¿Cómo estamos viviendo la vida que todavía Dios nos da en esta tierra? ¿Qué hemos hecho o estamos haciendo que sea de valor eterno?
La vida que Dios nos quiere dar es una vida como la de él, una “vida eterna” en su presencia; con un poco de sabiduría, estaríamos en capacidad de hacer algo en esta corta vida que sea valor eterno; que valga y que sirva para esa vida eterna. Ciertamente entre el tiempo promedio que vive un mosquito y el tiempo promedio que vivimos nosotros, podemos hacer alguna proporción real y matemática del tiempo, pero no así con el tiempo que vivimos nosotros con la eternidad de Dios. Lo que antes hicimos fue solo un ejercicio intentando ponerle algo de límite de tiempo a Dios.
Como el salmista, apelemos a la misericordia de Dios para pedirle que nos devuelva el gozo y la alegría; y que nos permita disfrutar de los años que alcanzamos a vivir en esta vida (90:13-17); desde luego, contando nuestros día y viviendo la vida con sabiduría (90:12).

Feliz día y bendiciones para todos.

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