Si tan solo obedeciéramos a su palabra

Y si no echareis los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos, y por espinas en vuestros costados, y afligiros han sobre la tierra en que vosotros habitareis. Será además, que haré á vosotros como yo pensé hacerles á ellos. » (Números 33, 50 – 56).

 Después de hacer un repaso de los últimos 40 años del pueblo en el desierto (33:1-49), Moisés se enfoca en una de las primeras cosas que tienen que hacer Israel para lograr lo que les hace falta para ser de verdad una nación en propiedad. Ya estaba la gente, el pueblo liberado de Egipto y los nacidos en el desierto; ya tenían las leyes, las recibidas de parte de Dios en el Sinaí; ahora solo falta el territorio, la tierra prometida. Y esto último implicaba echar a todos los habitantes esa tierra, destruir todos sus ídolos e imágenes de piedra y fundición, destruir todos sus lugares altos (sus altares) y repartirse la tierra (33:52-54).

Ahora, Dios les hace una advertencia triple, clara y contundente de lo que les sucedería, si dejaban pasar por alto algún detalle de la orden dada, dejando con ellos a algunos de los habitantes de esa tierra (33:55):

  • Ellos serán por aguijones en vuestros ojos;
  • Ellos serán por espinas en vuestros costados; y
  • Ellos os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitaréis.

Lastimosamente eso fue lo que sucedió al pueblo de Israel años después, como consecuencia simple de la desobediencia a la palabra de Dios.

¡Cuánto sufrimiento le causó a Israel los cananeos, especialmente durante el período de los jueces y hasta la época del reino unido! ¡Cuánto sufrimiento puede causar la desobediencia a Dios! En el futuro Dios no solo tuvo que expulsar a los cananeos de esa tierra, sino también al mismo pueblo de Israel a un cautiverio en Babilonia, por haber aprendido las malas mañas de los cananeos. ¡De cuántas cosas Dios nos libraría si tan solo obedeciéramos a su palabra!

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