Quieren agradar en la carne

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propia mano. Los que desean agradar en la carne tratan de obligaros a que os circuncidéis, simplemente para no ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que son circuncidados guardan la ley, mas ellos desean haceros circuncidar para gloriarse en vuestra carne. Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo. Porque ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea sobre ellos y sobre el Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén». (Gálatas 6, 11-18)

Algunas veces el apóstol Pablo se valió de un secretario para escribir sus cartas (Rom. 16:22), otras las escribió el mismo (Filemón 19) y en otras al parecer escribió solo el final (1 Cor. 16:21; Col. 4:18; 2 Tes. 3:17). De alguna manera el apóstol se aseguraba de dejar algo que identificara claramente sus cartas, ya que habría personas que utilizarían su nombre para escribir y enseñar doctrinas erradas a los hermanos (2 Tes. 2:2). Quizá su señal personal era sus letras grandes (Gal. 6:11) y en forma garabateadas.

El apóstol Pablo quiso resaltar la importancia particular de esta carta, especialmente en el tema de la circuncisión. Los cristianos legalistas, es decir, los judaizantes, insistían en que los gentiles que llagaban a ser creyentes debían circuncidarse o de lo contrario no serían salvos (Hch. 15:1). Además, es de notar lo poco ético y espiritual del procedimiento y motivación que tenían; el apóstol anota (6:12-13) cuales eran algunos de los móviles que guiaban a estos cristianos a insistir en la circuncisión:

– “…quieren agradar en la carne”; es decir, dar buena impresión ante los demás; quedar bien con la gente; ser bien vistos por los demás judíos; aparentar; reafirmarse a expensas de los nuevos creyentes.
– “… no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo”, bien por parte de los judíos que no eran cristiano (Hch. 13:45, 50; 14:2, 5, 19; Jn. 16:2), o bien por los romanos, ya que el cristianismo no era una religión reconocida en el imperio y declarar que “Jesucristo es el Señor”, distinto a lo que enseñaba el judaísmo, era firmar su sentencia de muerte; la religión judía sí era reconocida.
– “… para gloriarse en vuestra carne”. Lograr que un nuevo creyente se circuncidara era como un gol y punto valioso a favor de los que insistían en la circuncisión.

Aquí es interesante la denuncia que hace el apóstol, para corroborar que todos los móviles que estos judaizantes están usando son carnales: “Ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley”. ¡Wau! ¿Y entonces? La explicación es que estos judaizantes solo querían estar bien con los demás judíos; sin embargo, no se estaban dando cuenta de las implicaciones teológicas de lo que estaban enseñando: Una salvación por obras.

Trayendo esto a nuestros días, no dudamos de la bendición que trae a la vida del creyente la práctica de algunas técnicas de disciplina cristiana como el servicio a los demás, el entusiasmo, la obediencia por medio de las ordenanzas, la asistencia a las actividades de culto, las ofrendas, el aprendizaje de texto de la Biblia, la oración, el testimonio público y otras más. Muchos creyentes viven una vida arruinada, en derrota y en problemas, por falta de la práctica de estas disciplinas; sin embargo, nada de esto trae como resultado la salvación espiritual de una persona. De hecho, una persona puede hacer todas estas cosas y no ser salvo. La salvación que Cristo nos logró en la cruz es por fe, no por obras (Ef. 2:8, 9). Dios nos hace nuevas criatura “para buenas obras” (Ef. 2:10); pero luego cada uno de nosotros escoge vivir en bendición o vivir en maldición; tener la “vida abundante” o apenas sobrevivir; para esto son las disciplinas cristianas; pero nada de esto es causa la verdadera salvación, mas bien puede ser consecuencia.

La cruz de Cristo fue siempre una locura para los griegos (1 Cor. 1:18-20; Gal. 5:11) y un escándalo (tropiezo) para los judíos; para Pablo, la cruz de Cristo era un motivo de gloria por las implicaciones espirituales que ésta tenía para él: La crucifixión del mundo para él y la crucifixión de él para el mundo junto con Cristo (2:20). Pablo contrastar su motivación con la de los judaizantes (ustedes se glorían en la circuncisión de los gentiles, yo me glorío en la cruz de Cristo) y para corroborar lo dicho y disipar cualquier duda, dice Pablo: “… yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”, por si acaso algún judaizante intentaba molestarle.

Algunos señalan que Pablo estaba muy disgustado cuando escribió esta carta. Ahora bien, a la luz de esta epístola, ¿nos hemos detenido a revisar qué evangelio es el que estamos predicando (1:8)? ¿Qué cosas queremos ver que hacen los demás que no hacemos nosotros (6:13)? ¿Cómo estamos ayudando a los demás a sobrellevar sus cargas (6:2)? ¿Hasta qué punto estamos quizá, estamos casando provecho personal de lo que enseñamos? Recordemos la amonestación que es dada tanto para bien como para mal (6:7-8) y que “la gracia del Señor Jesucristo sea con nuestro espíritu”, para que no caigamos en el mal de usar el evangelio para nuestros intereses personales.

Feliz día para todos.

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