Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas. Todo valle será rellenado, y todo monte y collado rebajado; lo torcido se hará recto, y las sendas asperas se volverán caminos llanos; y toda carne verá la salvación de Dios.» Por eso, decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: «Tenemos a Abraham por padre», porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos? Respondiendo él, les decía: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Entonces él les respondió: No exijáis más de lo que se os ha ordenado. También algunos soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y él les dijo: A nadie extorsionéis, ni a nadie acuséis falsamente, y contentaos con vuestro salario. Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo, Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias; El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. El bieldo está en su mano para limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja en fuego inextinguible. Y también con muchas otras exhortaciones Juan anunciaba las buenas nuevas al pueblo. Pero Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él por causa de Herodías, mujer de su hermano, y por todas las maldades que Herodes había hecho, añadió además a todas ellas, ésta: que encerró a Juan en la cárcel». (Lucas 3, 1-20. BLA)

La información que Lucas nos da, hace posible fechar tanto el comienzo del ministerio de Juan como el Jesús en el contexto de los acontecimientos mundiales de la época. Lucas tiene el propósito de escribir por orden todas las cosas que con diligencia ha investigado (1:3). Para este propósito cree importante hacer referencia a seis acontecimientos del momento:

  • El gobierno de Tiberio Cesar como emperador (14 – 37 d. C.);
  • El gobierno de Poncio Pilato como prefecto romano (26 – 35 d. C.);
  • El gobierno del Tetrarca Herodes Antipas en Galilea (4 a. C. – 39 d. C.);
  • El gobierno del Tetrarca Herodes Felipe en Iturea (4 a. C. – 34 d. C.);
  • El gobierno del Tetrarca Lisanías, nieto de Ptolomeo (¿-? – 37 d. C.);
  • El ejercicio del sumo sacerdocio de Anás (6 – 15 d.C.) y de Caifás (16 – 36 d. C.)

Notas:

  1. A la muerte del rey Herodes el Grande, por orden de Roma los herodes dejaron de ser reyes para convertirles en gobernadores locales; sin embargo, en la mente seguía la idea de ser reyes.
  2. Los prefectos romanos vivían en Cesarea; a partir de año 44 se les llamó procuradores. Era encargado del orden público, quien nombraba al Sumo Sacerdote y recogía la totalidad de los impuestos para enviarlos a Roma.
  3. Aparecen dos sumos sacerdotes porque Caifás fue nombrado cuando aún su suegro ejercía esa función; el nombramiento era de por vida, como el papado romano hoy. Además, por el respeto que se les tenía, se les permitía seguir siendo autoridad religiosa en el Sanedrín.

Para muchos toda esta información es irrelevante, sin importancia; pero es de saber que algo esencial del verdadero evangelio que predicamos no es solo su origen, sino también su fundamento contextual (histórico, social, político, geográfico, cultural, lingüístico y otros). Lucas le dice a Teófilo: “Para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (Lc. 1:3). El evangelio no es cuento, es realidad para gente real.

Es en este contexto que Lucas nos presenta a Juan hijo de Zacarías “predicando el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (2:2-3). Se considera a Juan como el que marca el final de la antigua era profética (Lc. 16:16); sin embargo, su mensaje no es como el de los antiguos profetas: Un llamado para volverse a Dios y para obedecer la ley y consecuente con la respuesta, juicio o bendición. Su mensaje es un llamado al arrepentimiento y a prepararse para recibir al Señor; él mismo toma las palabras de Isaías 40:3-5 para describir su misión (3:4-6). Su argumento es que, no basta con declararse “hijo de Abraham” y con derecho a todas bendiciones por haberse circuncidado o bautizado; en vez de “hijos de Abraham” lo que son es una “generación de víboras” (3:7); es necesario un cambio de manera de pensar; reconocer públicamente su culpabilidad ante Dios; arrepentirse de corazón y prepararse para recibir al Señor.

Los cuatro evangelistas hablan de algún aspecto de la persona y ministerio de Juan el Bautista; sólo Lucas recoge en los versículos 10 a 14 las inquietudes de personas que dieron evidencia de haber sido impactadas por el mensaje y las instrucciones dada por Juan a cada grupo. Hubo gente respondió al mensaje, pero hubo alguien que se molestó mucho: Herodes Antipas Tetrarca de Galilea (3:19-20). Como profeta, el mensaje de Juan el Bautista debía ser completo; faltaba el aspecto de “denuncia” directa del pecado del pueblo o de alguien; aquí el denunciado fue Herodes. Juan sabía lo que le podía pasar, pero no solo lo denunció sino que también lo reprendió. Para Herodes el mensaje de Juan no le fue “buenas nuevas” (3:18) y su reacción no se dejó esperar (3:20); aunque después se evidencia que Herodes comenzó a temer a Juan y a escucharle de buena gana (Mc. 6:17-20).

Juan el Bautista sabía exactamente quién era, el tiempo en el que vivía, la gente entre la cual se movía y el llamado que había recibido de Dios; sabía que en su época ocurriría el acontecimiento más importante de la historia humana: el nacimiento del Mesías. Juan sabía que aunque no era Elías en persona (Jn. 1:21), era el Elías profetizado por Malaquías para una gran misión previa a la llegada del Mesías (Lc. 1:17; Mal. 4:5-6).

¿Qué tanto conocimiento objetivo de nuestro contexto, de nuestros tiempos, de lo que somos y de nuestro llamado divino para nuestra generación tenemos? En muchos de nuestros grupos cristianos el llamado al verdadero arrepentimiento se ve opacado por el llamado a la prosperidad, a la buena vida; la urgencia de cambio de manera de pensar se ve frenada por nuestra conformidad a la manera de pensar de este tiempo (Rom. 12:2). Recordemos que Jesús comenzó predicando el mismo mensaje que predicaba Juan el Bautista (Mt. 3:1-2 y 4:17) ¿En qué se parece nuestro mensaje al de Juan y al de Jesús? ¿Será que la gente de hoy no necesita escuchar y atender este mensaje, sino otro tipo de mensaje? Reflexionemos y actuemos conforme al evangelio. Las buenas noticias son para los que primeramente cambian su manera de pensar (metanoia).

Feliz día y que todos seamos bendecidos por Dios, como consecuencia del cambio en nuestra manera de pensar respecto a Dios y nuestra relación con él. (Maranhata).

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