No pases de largo…

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«El Señor se le apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, cuando Abraham estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora más calurosa del día. Abraham alzó la vista, y vio a tres hombres de pie cerca de él. Al verlos, corrió desde la entrada de la carpa a saludarlos. Inclinándose hasta el suelo, dijo: —Mi señor, si este servidor suyo cuenta con su favor, le ruego que no me pase de largo. Haré que les traigan un poco de agua para que ustedes se laven los pies, y luego podrán descansar bajo el árbol. Ya que han pasado por donde está su servidor, déjenme traerles algo de comer para que se sientan mejor antes de seguir su camino. —¡Está bien—respondieron ellos—, hazlo así! Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara, y le dijo: —¡Date prisa! Toma unos veinte kilos* de harina fina, amásalos y haz unos panes.

Después Abraham fue corriendo adonde estaba el ganado, eligió un ternero bueno y tierno, y se lo dio a su sirviente, quien a toda prisa se puso a prepararlo. Luego les sirvió requesón y leche con el ternero que estaba preparado. Mientras comían, Abraham se quedó de pie junto a ellos, debajo del árbol. Entonces ellos le preguntaron: —¿Dónde está Sara, tu esposa? —Allí en la carpa—les respondió. —Dentro de un año volveré a verte—dijo uno de ellos—, y para entonces tu esposa Sara tendrá un hijo. Sara estaba escuchando a la entrada de la carpa, a espaldas del que hablaba. 11 Abraham y Sara eran ya bastante ancianos, y Sara ya había dejado de menstruar. Por eso, Sara se rió y pensó: «¿Acaso voy a tener este placer, ahora que ya estoy consumida y mi esposo es tan viejo?» Pero el Señor le dijo a Abraham: —¿Por qué se ríe Sara? ¿No cree que podrá tener un hijo en su vejez? ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? El año que viene volveré a visitarte en esta fecha, y para entonces Sara habrá tenido un hijo. Sara, por su parte, tuvo miedo y mintió al decirle: —Yo no me estaba riendo. Pero el Señor le replicó: —Sí te reíste.

Abraham intercede en favor de Sodoma

Luego aquellos visitantes se levantaron y partieron de allí en dirección a Sodoma. Abraham los acompañó para despedirlos. Pero el Señor estaba pensando: «¿Le ocultaré a Abraham lo que estoy por hacer? Es un hecho que Abraham se convertirá en una nación grande y poderosa, y en él serán bendecidas todas las naciones de la tierra. 19 Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el Señor cumplirá lo que le ha prometido.» Entonces el Señor le dijo a Abraham: —El clamor contra Sodoma y Gomorra resulta ya insoportable, y su pecado es gravísimo. Por eso bajaré, a ver si realmente sus acciones son tan malas como el clamor contra ellas me lo indica; y si no, he de saberlo. Dos de los visitantes partieron de allí y se encaminaron a Sodoma, pero Abraham se quedó de pie frente al Señor. Entonces se acercó al Señor y le dijo: —¿De veras vas a exterminar al justo junto con el malvado? Quizá haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Exterminarás a todos, y no perdonarás a ese lugar por amor a los cincuenta justos que allí hay? ¡Lejos de ti el hacer tal cosa! ¿Matar al justo junto con el malvado, y que ambos sean tratados de la misma manera? ¡Jamás hagas tal cosa! Tú, que eres el Juez de toda la tierra, ¿no harás justicia? El Señor le respondió: —Si encuentro cincuenta justos en Sodoma, por ellos perdonaré a toda la ciudad. Abraham le dijo: —Reconozco que he sido muy atrevido al dirigirme a mi Señor, yo, que apenas soy polvo y ceniza. Pero tal vez falten cinco justos para completar los cincuenta. ¿Destruirás a toda la ciudad si faltan esos cinco? —Si encuentro cuarenta y cinco justos no la destruiré—contestó el Señor. Pero Abraham insistió: —Tal vez se encuentren sólo cuarenta. —Por esos cuarenta justos, no destruiré la ciudad—respondió el Señor. Abraham volvió a insistir: —No se enoje mi Señor, pero permítame seguir hablando. Tal vez se encuentren sólo treinta. —No lo haré si encuentro allí a esos treinta—contestó el Señor. Abraham siguió insistiendo: —Sé que he sido muy atrevido en hablarle así a mi Señor, pero tal vez se encuentren sólo veinte. —Por esos veinte no la destruiré. Abraham volvió a decir: —No se enoje mi Señor, pero permítame hablar una vez más. Tal vez se encuentren sólo diez … —Aun por esos diez no la destruiré—respondió el Señor por última vez. Cuando el Señor terminó de hablar con Abraham, se fue de allí, y Abraham regresó a su carpa. » (Génesis 18, 1 – 33 NVI).

En la primera parte de este capítulo tenemos una verdadera “teofanía”; es decir, una manifestación visible de Dios y en este caso, en forma humana (18, 1-15). En la segunda parte tenemos la intercesión de Abraham por Sodoma y Gomorra (18, 6-33).

Hay varias interpretaciones de quiénes eran estos ángeles que llegaron donde Abraham; dos ideas se destacan:

  • Que los tres ángeles son la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; Abraham ve a tres varones llegar, pero al recibirlos no dice “señores” en plural, sino “Señor” en singular (18:2-3), como si se dirigiera a los tres como uno.
  • Que uno de ellos era el Ángel de Jehová (Jesús pre encarnado) y los otros dos, ángeles que le acompañan. A uno de ellos (que quizá tenía alguna característica especial) Abraham siempre se le dirigió como “Señor” (18:3…)

Lo cierto es que Abraham, en el transcurso de la conversación, muestra tener una clara conciencia de estar atendiendo y hablando con el mismo Dios (Jehová) y el escritor sagrado así lo deja ver (18:1, 13, 17, 20, 22, 26 y 33). Abraham, quien para ese momento tenía por lo menos trescientos dieciocho criados (14:14), él mismo se dispone para servir a sus visitantes ilustres (18:3-8). De otro lado, a nadie se le ofrecía comida animal a menos que se le reconociera algún rango de importancia; Abraham le ofreció comida animal a sus visitantes (18:7).

Atender bien a un visitante era algo típico de las personas en tiempos bíblicos en esa región. Al no existir medios masivos de comunicación en aquellos tiempos, esta era una manera de informarse de (casi) todo lo que pasaba en otros lugares, como también informar a los visitantes de sus tradiciones y acontecimientos del lugar. En esas condiciones alguien podía viajar muchos kilómetros (llevando noticias), sin la preocupación por lo económico, pues generalmente encontraba hospedaje y alimentación sin costo en muchas familias de una ciudad o pueblo. Posteriormente había la creencia y esperanza en la gente de en algún momento hospedar a un ángel o profeta y recibir así bendiciones o anuncios especiales (He. 13:2). Abraham y Sara recibieron el mejor de los anuncios y en circunstancias como para no creer: A su edad irían a tener un hijo (18:10).

Cuando la comida y el descanso terminaron, los visitantes se dispusieron a seguir su camino; y como era costumbre que el anfitrión caminara con sus huéspedes un buen trecho, Abraham los acompañó un rato en su ruta hacia Sodoma. En ese acompañamiento Abraham recibió una inquietante revelación: Sodoma, la ciudad donde está su sobrino Lot sería destruía a causa del juicio de Dios por los pecados del pueblo.

Muchos hemos relacionado a Sodoma solo con la sodomía (homosexualidad); las denuncias y comparaciones que hacen los profetas años después contra otras ciudades, demuestran que además de éste, habían muchos otros tipos de pecados sexuales y de otros tipos más (Is. 1:10-17; 3:9; Jer. 23:14; Ez. 16:49). Lo que le pasó a Sodoma y Gomorra es tipo de lo que le sucederá a los no arrepentidos, a la gente sin Cristo en el final de los tiempos.

Abraham pensaba encontrar al menos diez justo en Sodoma y así darle un argumento a Dios para que no la destruyera, pero solo había un justo al cual los dos ángeles (que acompañaban al Ángel de Jehová) sacarían con su familia de la ciudad. Según 2 Pedro 2:7-8, Lot fue el único justo hallado en esa ciudad, a pesar de que su conducta no fue excelente.

En este capítulo se resaltan dos actos de justicia realizados de parte de Dios ; uno para bendición de una pareja y otro para juicio de una ciudad. Dios es justo y obró con justicia a favor de Abraham y su esposa quienes habían dejado su tierra y su parentela, para salir sin saber adónde irían pero obedeciendo su palabra: Dios les prometió y les cumplió dándoles un hijo. Dios que es justo, también obró con justicia anunciando sobre Sodoma y Gomorra su juicio (18:20-21).

Dios es justo y así queda registrado en esta historia: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? (18:25b). Los actos de justicia de parte de Dios pueden traducirse en bendición, si como Abraham somos personas de fe y estamos en paz con Dios; pero pueden traducirse en maldición y destrucción así como en el caso de Sodoma y Gomorra a causa del pecado en el que se está sumido. Dios obra con justicia; su justicia puede ser bendición para los que obran el bien en obediencia a Dios o castigo para los que obran el mal y desobedecen a Dios.

QUE LOS ACTOS DE JUSTICIA DE DIOS SEAN DE BENDICIÓN PARA TODOS!

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