Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.

El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe». (Gálatas 6:1-10)

¿Cuántas veces ha meditado usted este pasaje? ¿Cuánto ha compartido de él? Recordemos que este pasaje está dentro del contexto de lo que Pablo enseña sobre las “obras de la carne” y del “fruto del Espíritu Santo” en la vida de los creyentes. La iglesia además de que tenía problemas doctrinales (como el de la circuncisión entre otros), tenía también fuertes problemas de relaciones internas entre los hermanos (5:15, 26) y entre una y otra iglesia; al parecer habían iglesias en la región (Gal. 1:2; 1 Cor. 16:1). A los hermanos les faltaba entender el principio de la “unidad de la iglesia”; que nuestro comportamiento frente a los errores y defectos de los demás incide fuertemente en la apertura y relación que tengamos entre sí”.

Pablo, como padre espiritual de aquellas iglesias, se da cuenta de los peligros a que se exponen por la falta de unidad. Lo que Pablo enseña en este pasaje nos plantea varias preguntas:

– ¿Cuál es nuestra responsabilidad con los que son débiles en la fe?
– ¿Cuál debe ser la relación entre los que somos fuertes en la fe?
– ¿Qué debemos tener en cuenta cuando intentamos restaurar a algún hermano?
– ¿Sobrellevar la carga del hermano significa que debemos tolerar su pecado?
– ¿El hecho que un hermano caiga es razón para creernos mejor que él?
– ¿En este contexto qué significa “restaurar” a una personas?
– ¿Ayuda a la restauración de un hermano “hacernos los de la vista gorda”?
– ¿Cuál es según Pablo “la ley de Cristo” que debemos cumplir todos (Jn. 13:34)?
– ¿Pablo nos presenta algún(os) límite en la restauración de una persona?
– ¿En este contexto, qué significan las palabras del versículo 6?
– ¿De cuántas y cuales cosas nos pueden prevenir los versículos 7 y 8?
– ¿En este contexto, qué quiere dar a entender Pablo con “hacer el bien” (6:9-10)?

Algunos elevan a nivel de “palabra de Dios” el consejo que siempre doña Florinda le daba a Kiko: “Vámonos tesoro; no te juntes con esa chusma…”; esto contrasta fuertemente con la actitud que debemos tener para poder cumplir “la ley de Cristo (6.2). Estamos hablando en el contexto de la iglesia.

Dios nos creó para vivir en sociedad, para vivir en compañerismo unos con otros; en el ambiente de la iglesia esto toma nueva fuerza, porque va más allá del compañerismo ocasional; se trata de compartir todos esos momentos buenos y malos, las alegrías y tristezas, gozo y preocupaciones, risas y llanto; cada idea de este pasaje está en este contexto. No significa esto que tengamos que eximir de su responsabilidad a una persona (6:5), sino de ayudarla en sus luchas y de darles ánimo y fuerzas para que se apropie totalmente de su libertad en Cristo, crucifique la carne con sus deseos y viva y ande por el Espíritu en el resto de su vida cristiana (5:1, 24, 25) al igual que los que nos consideramos fuertes.

BENDICIONES PARA TODOS.