Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés

«Entonces Jesús habló a la muchedumbre y a sus discípulos, diciendo: Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; pues ensanchan sus filacterias y alargan los flecos de sus mantos; 6 aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí. Pero vosotros no dejéis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni dejéis que os llamen preceptores; porque uno es vuestro Preceptor, Cristo». (Mateo 23, 1-10 – BLA)

Tres días antes de su crucifixión, quizá muy temprano en la mañana y parado en el atrio del templo durante la fiesta de Pascua, Jesús hace estas solemnes declaraciones de advertencia tanto a sus discípulos como a la gente que le seguía; les amonesta sobre el comportamiento de los fariseos y escribas que dicen pero no hacen.
Entre las muchas inquietudes y enseñanzas que genera este pasaje surgen dos preguntas: ¿Debe uno escuchar y atender las enseñanzas departe de alguien que “predica, pero no practica”? ¿Qué dice Jesús? Y la segunda pregunta es: ¿De dónde viene o nace el desacuerdo entre la teoría y la práctica? ¿Qué es lo que origina este desacuerdo?
Nuestro texto de hoy responde a estas dos inquietudes, pero antes recordemos algo con respecto a dos términos:
El primer término que considero aquí es la palabra “cátedra” (23:2). Este es un término griego que significa “asiento”, “banca”, “silla”; tiene su significado literal, pero también figurativo; por eso también tiene el sentido fijarse una posición firme e inconmovible. Cuando este término pasa al latín da origen a la frase “hablar ex cátedra”, es decir, “desde el asiento” de un maestro que tiene autoridad o es autoritativo. En la antigüedad los rabíes cuando iban a dar sus enseñanzas se sentaban; así también lo hacía Jesús (Mt. 5:1; 13:2; Lc. 4:20). Pablo fue instruido a los pies de Gamaliel (Hch. 22:3); es para indicar que Gamaliel estaba sentado.
El segundo término es “filacteria” (23:5). El término significa “objeto protector” y eran unas cajitas de cuero de animal limpio y teñidas de negro, cuadradas, que contenían rollitos de pergamino con pasajes bíblicos escritos (ver referencias en Ex. 13:9-16; Deut. 6:4-9; 11:18-21). En tiempos de Jesús se llevaban atadas a la frente o en el brazo izquierdo, especialmente al ir a la sinagoga. Generalmente los saduceos la usaban en el culto, pero los fariseos a toda hora; algunos le daban un valor místico y otros llegaron a atribuirle el valor de un amuleto.
Volviendo a las preguntas de inicio, las repuestas se deducen del texto. Para la primera pregunta, la respuesta está en el verso 3; la orden de Jesús es que debemos “guardar y hacer” todo lo que se nos enseña; no hay ninguna discusión o condición al respecto, si lo que se nos enseña está acorde con el mensaje de Dios. Para la segunda pregunta la respuesta está en los versículos 5-7: El desacuerdo surge cuando lo que uno quiere es la aprobación de los demás, sin tener en cuenta a Dios.
Jesús advierte a sus oyentes sobre la importancia de llamarnos “hermanos”, antes que sacar a relucir algún título o grado y sin importar la posición que tengamos; debemos reconocer como Rabí o Maestro solo a Aquel que es el Cristo. La satisfacción personal y la propia gloria nos impiden muchas veces tratarnos con amor unos a otros; ahí está la muestra en el versículo 4: Decidimos poner cargas sobre los demás porque sentimos que eso nos posiciona y nos da más autoridad (poder) y lo peor es que hay gente que aprueba eso y cree que así debe ser.
A veces somos generadores de anarquía, de desigualdad y de que unos opriman a otros. Todos somos hermanos y Dios quiere que le llamemos “Padre”. También nos llama para que seamos de su reino, practicando la justicia y conviviendo en paz. Mateo nos enseña que Cristo es nuestro Rabí, nuestros Maestro, nuestro Rey y nuestro Señor.
Feliz día y bendiciones para todos.

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