Por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros

Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo menos su sombra tocase á alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas concurría multitud á Jerusalem, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; los cuales todos eran curados. (Hechos 5:12-16)

Mientras la Iglesia permaneció unida, los milagros eran frecuentes; cuando en la iglesia empezaron a surgir las divisiones internas, los milagros cesaron. La persecución externa no debilitó a la iglesia; antes la hizo más fuerte; pero las discusiones internas, las herejías, los prejuicios que fueron surgiendo internamente, debilitaron el ímpetu de la iglesia; y aunque no se frenó tanto su avance, fueron muchos los problemas que la entretuvieron. Casi todas las epístolas tienen el propósito de solucionar problemas.

Nuestro texto dice que: “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo, y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón” (5:12). ¿Hasta qué momento del ministerio apostólico sucedía esto? Parece que llegó un momento en el que los apóstoles ya no estaban en la disposición de atender a los enfermos que llegaban de todas partes (5:15-16), ni tuvieron el tiempo necesario que luego apartaron para persistir en la oración y dedicarse a la Palabra (6:4), sino que tuvieron que dedicar gran parte de su tiempo a resolver problemas internos.

¿Será que las divisiones, los problemas internos, las falsas doctrinas, el sectarismo por un lado y la liviandad espiritual por el otro, le están restando poder a la Iglesia? ¿Sabe usted cual fue el último milagro apostólico? ¿Sabe usted cuando después de los apóstoles volvió a ocurrir un milagro? En tanto las herejías comenzaron a minar la unidad de la fe de la iglesia y el evangelio se convirtió en tema de discusión, tanto la Palabra como los milagros comenzaron a escasear; la iglesia comenzó a desviarse de la Palabra, doctrina y fundamento de los apóstoles (2:42, 46) y a perder ese poder recibido en el Pentecostés (1:8).

Muchos creyentes hoy añoramos vivir la vida de los primeros cristianos y en ese sentido oramos; pero otros argumentamos que eso fue solo para los creyentes de aquel tiempo y que no debemos perder el tiempo añorando algo que no volverá a ocurrir. Pues bien; habrá argumento para ambas posiciones, pero la Palabra misma y los milagros ocurridos por mano de los siervos de Dios, tanto en la misma historia bíblica como fuera de ella, proféticamente son los dos testigos que dan autenticidad al verdadero evangelio de Jesucristo. Aquel que sabe que la Palabra de Dios permanece para siempre, no solo la predicará, sino que examinará a través de ella todo lo que ve y oye (17:11-12); pero también el verdadero evangelio no viene dado solo en palabras, sino con demostración del Espíritu y de poder (1 Cor. 2:4-5).
Ciertamente el milagro más grande y nunca superado es el nacimiento espiritual o conversión de una persona a Cristo; pero recordemos que el mismo Cristo dijo: “Estas señales seguirán a los que creen…” (Mr. 16:17-18); es decir, no solo a los apóstoles, sino “a los que creen”. ¿Hasta cuándo? ¿Será que nuestra fe ahora es muy superficial? ¿Será que estamos más interesados (y distraídos) en los muchos otros aspectos del evangelio y no en lo esencial? ¿Será que las palabras del salmista (23:6) no pueden ser una realidad hoy en nuestras vidas y así “estas señales”? ¿Será que poco estamos orando “unánimes y juntos”?
Algo para aprender de los primeros creyentes es que ellos no forzaron la palabra para enseñar lo que en un momento dado alguien quería enseñar; al contrario, la Palabra y el Espíritu les guiaba a decir lo que debían decir. Y de otro lado, jamás los apóstoles manipularon las ocasiones y/o situaciones para que los milagros ocurrieran; sencillamente, los milagros (simplemente) ocurrían por la acción del Espíritu Santo y en respuesta de Dios a las necesidades de la gente; ellos solo oraban a Dios (4:29-30). Aprendemos también que los creyentes permanecían unánimes y juntos; y la actividad común más sobresaliente era la oración; es decir, oración en acuerdo. Cuando estaban dispersos era para predicar la Palabra. El Espíritu Santo aprovechaba todo esto para confirmar la Palabra y para dar demostraciones de su poder. ¿Nos unimos para experimentar juntos la gloria de Dios?

Feliz y bendecido día para todos.

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