Mirad pues, con diligencia como andéis

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 Pr. Manuel Gamboa
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Pr. Manuel Gamboa

«Las moscas muertas apestan y echan a perder el perfume. Pesa más una pequeña necedad que la sabiduría y la honra juntas. El corazón del sabio busca el bien, pero el del necio busca el mal. Y aun en el camino por el que va, el necio revela su falta de inteligencia y a todos va diciendo lo necio que es. Si el ánimo del gobernante se exalta contra ti, no abandones tu puesto. La paciencia es el remedio para los grandes errores. Hay un mal que he visto en esta vida, semejante al error que cometen los gobernantes: 6 al necio se le dan muchos puestos elevados, pero a los capaces se les dan los puestos más bajos. 7 He visto esclavos montar a caballo, y príncipes andar a pie como esclavos.

El que cava la fosa, en ella se cae. Al que abre brecha en el muro, la serpiente lo muerde. El que pica piedra, con las piedras se hiere. El que corta leña, con los leños se lastima. Si el hacha pierde su filo, y no se vuelve a afilar, hay que golpear con más fuerza. El éxito radica en la acción sabia y bien ejecutada. Si la serpiente muerde antes de ser encantada, no hay ganancia para el encantador.

Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina; sus primeras palabras son necedades, y las últimas son terribles sandeces. ¡Pero no le faltan las palabras! Nadie sabe lo que ha de suceder, y lo que será aun después, ¿quién podría decirlo? El trabajo del necio tanto lo fatiga que ni el camino a la ciudad conoce. ¡Ay del país cuyo rey es un inmaduro, y cuyos príncipes banquetean desde temprano! ¡Dichoso el país cuyo rey es un noble, y cuyos príncipes comen cuando es debido, para reponerse y no para embriagarse! Por causa del ocio se viene abajo el techo, y por la pereza se desploma la casa. Para alegrarse, el pan; para gozar, el vino; para disfrutarlo, el dinero. No maldigas al rey ni con el pensamiento, ni en privado maldigas al rico, pues las aves del cielo pueden correr la voz. Tienen alas y pueden divulgarlo». (Eclesiastés 10:1-20)

Este capítulo y hasta el versículo 8 del siguiente es una sección presentada en forma de proverbios (incluso desde el capítulo 5), que aunque el propósito es exaltar a la sabiduría aplicada a la conducta, cada versículo aporta una enseñanza, a veces sin conexión con el anterior o el que le sigue (al estilo de los Proverbios). Aquí se deja claro una vez más la relación tan estrecha que hay entre causa y efecto. Si en la vida quiero tener éxito, mi conducta debe estar hacia esa dirección. No puedo esperar otra cosa que la que labro en mi camino con mi conducta.

La luz resplandece en las tinieblas y la sabiduría hace sabio al ignorante que la busca. Pero así como la luz se haya en desventaja donde hay intensa nieblas, la sabiduría a pesar de su excelencia, se haya aun en mayor desventaja frente a la necedad o falta de atención de una persona. Observemos lo que dice el versículo 1: “una pequeña locura” de alguien que “es estimado como sabio y honorable”, tiene el mismo efecto que “moscas muertas” en el “perfume del perfumista”. ¡Uf! Para pensarlo más de una vez. La insensatez es como la levadura en la masa; la permea y la hace inflar. Mientras más elevado sea el carácter religioso de una persona, más daño le puede hacer a sí mismo un “pecadito microscópico”; y lo peor es que ese daño puede hacerse extensivo y afectar a mucha gente.

Aunque la palabra “necio” en la Biblia tiene el sentido de “cabeza hueca”, en circunstancia podemos hacer la diferencia entre un ignorante y un necio. La ignorancia tiene solución, que a veces puede ser costosa; pero ¿Cuál será la solución para la necedad? Peor si se juntan las dos cosas en una persona. Un solo necio puede arruinar todo lo que con esfuerzo muchos sabios han construido. Generalmente las personas necias son bastante comunicativas (10:3,14); con ellos no funciona el dicho que “en boca cerrada no entran moscas”; y lo peor es que no se dan cuenta del efecto que eso está produciendo en su propia vida y en la de los demás (10:3, 12-14). Los dos dichos más conocidos en el mundo antiguo y en casi todas las culturas son Prov. 17:27, 28; sin embargo, los menos aplicados.

Le expresión del versículo 15, “no sabe por dónde ir a la ciudad” está relacionada con el hecho que el necio es de las personas que habla mucho pero hace poco (o nada), porque como si ser necio fuera poco, también se les añade la pereza y la flojedad (10:18). A todos les dice cómo hacer las cosas, pero él no mueve un dedo. Si consigue dinero, paga hasta por lo más simple porque es ignorante y nunca aprendió a hacer algo, es necio porque insiste en lo que quiere aunque no sea necesario (pero para él sí), es flojo porque todo es fácil para los demás, menos para él; y si le toca hacer algo no sabe por dónde empezar. En la realidad, ver esto en una personas puede causar distintas reacciones: Risa, tristeza, preocupación… depende de si uno es o no afectado y cómo está siendo afectado. Pero por si acaso, ¿nos hemos preguntado alguna vez si hemos sido o somos sujetos de la necedad con todos o alguno de sus añadidos?

Los proverbios son el patrimonio cultural de muchos pueblos y por generaciones; encierran mucha sabiduría. Miguel de Cervantes decía que “un proverbio es una sentencia corta basada en una experiencia larga”; se toman como una verdad de aplicación y validez universal. Interesante que en la Biblia no solo tenemos un libro de Proverbios, sino que también tenemos proverbios en otros libros de la Biblia, como en nuestro texto de hoy. Importante es recordar siempre, que nuestras palabras tienen un poder tanto negativo y destructivo como positivo y sanador. ¿Cuál poder queremos usar? Bueno, hasta el necio dirá que el poder positivo, pero asegurémonos de eso con nuestra conducta.

Qué bueno saber que en la Biblia no solo tenemos una palabra que viene de Dios por boca los profetas y otros medios, sino también una palabra que viene de la experiencia por boca de los sabios; y todo esto es “REVELACIÓN”. La Biblia es la revelación de Dios para todos nosotros. ¡Alabado sea siempre su Nombre!

Feliz día y que todos sigamos siempre el consejo paulino de: “Mirad, pues, con diligencia como andéis, no como necios sino como sabios” (Ef. 5:15). Bendiciones para todos.

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