Matriculados en la escuela de Dios

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 Pr. Manuel Gamboa
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Pr. Manuel Gamboa

«Habló Dios a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor.

Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, la mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado. (Éxodo 31, 1-11)

No hay mejor centro de capacitación y de formación que la escuela del Señor; definitivamente. No solo nos capacita para los distintos trabajos a desarrollar en su obra sino que también nos da sabiduría, para darle sentido y utilidad a todo lo que hacemos.

Observemos el texto y descubramos con cuántos títulos o profesiones salió graduado Bezaleel de la universidad donde Dios mismo fue su profesor Maestro y cuáles eran los trabajos a realizar. Un hombre de la capacidad de Bezaleel y la magnitud de la obra a realizar necesitaba de un ayudante, capataz o maestro de obras, que interpretara muy bien los planos y entendiera muy bien las especificaciones de las obras; Dios le puso a Bezaleel un hombre de la misma escuela, a Aholiab y a un grupo de gente sabia.

El tabernáculo, además de ser una catedral portátil, era un elemento profético (He. 8:5), pero que debía tener un sentido especial para la nación de Israel, tal como se explica en Hebreos 9 y 10. Debía tenerse muy en cuenta muy bien las especificaciones. El tabernáculo era el lugar donde moraba Dios; más adelante sería el templo en Jerusalén. Ahora ese tabernáculo somos nosotros». (Jn. 1:14; 1 Cor. 6:19)

Deducimos que Bezaleel y Aholiab fueron excelentes estudiantes de la escuela de Dios; tanto, que les tuvo en cuenta para realizar semejante obra. ¿Será que de verdad estamos matriculados en la escuela de Dios? ¿Será que estamos asistiendo fielmente a sus clases? ¿Será que ya hemos aprendido algo de lo que Dios confiadamente nos pueda encargar para realizar? ¿Habremos adquirido ya algún título de parte del Señor? Si sentimos que todavía nos falta capacitación y formación para la toda buena obra, el Maestro de maestros (Jesús) está dispuesto y disponible para formarnos hasta la estatura de su plenitud (Ef. 4:11-13).

BENDICIONES PARA TODOS.

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