La ira de Dios contra la humanidad

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Pr Manuel Domingo Gamboa

Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles.

Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén.

Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión.

Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican. (Romanos 1:18-32)

Dios creó al ser humano con “conciencia moral”; pero para que esta tenga sentido, fue necesario darle al hombre la capacidad de libre albedrío; es decir, la capacidad de discernir, distinguir y escoger entre lo que es bueno y lo que es malo. De igual manera, también lo creó con una “conciencia religiosa” o “conciencia espiritual”; y para que esta funcionara, fue necesario darle la capacidad de trascender; es decir, la capacidad de ir más allá de lo que se puede palpar o percibir con los sentidos. Por medio de la conciencia moral el hombre se da cuenta de la existencia del pecado y que es pecador; por medio de la conciencia religiosa o espiritual, el hombre se da cuenta de la existencia de Dios y de su plan de redención. Estas dos capacidades permiten al hombre recibir de Dios la Revelación, la cual también se da en dos formas: Una forma Natural y una forma Especial.
Nuestro texto de hoy nos habla de la revelación Natural, es decir, de aquella en la que “Dios muestra cosas de él” y que aquí es llamada “las cosas invisibles de él” (1:20). En la revelación Especial “Dios se muestra a sí mismo”, especialmente en y a través de Jesucristo, bien en forma encarnada o bien en forma de Palabra (Verbo) escrita, es decir, la Biblia. La conciencia es uno de los medios de revelación natural.
Esta revelación Natural (de la que habla nuestro texto de hoy) está dirigida básicamente a los gentiles, es decir, a los que no somos judíos. La cosa revelada aquí es precisamente “la ira de Dios”; ira que está dirigida con toda su intensidad en contra de dos cosas: Primero, la “impiedad”, que tiene que ver con nuestra actitud equivocada hacia Dios (1:19-25) y segundo, la “injusticia”, que tiene que ver con nuestra actitud equivocada hacia nuestros semejantes (1:26-32). Ambas son pecados delante de Dios.
La “impiedad” aquí es la negación del carácter de Dios y el desconocimiento de su existencia misma (el no uso, o mal uso de la conciencia religiosa o espiritual). ¿Cuál fue la primera revelación (natural) que el hombre tuvo de Dios? El versículo 20 dice: “su eterno poder y deidad”. ¿Cuál fue (o ha sido) la respuesta del hombre a esa revelación? Los versículos 21-23 responden. ¿Cuáles fueron (o cuales son) las consecuencias de la respuesta del hombre? Los versículos 24-25 tienen la respuesta.
La “injusticia” aquí se refiere a todas las acciones que en algún nivel afectan negativamente la integridad de nuestro prójimo. El apóstol da como ejemplo una lista de “cosas que no convienen” (1:28b-31); más de 20 pecados. Se aprecia claramente como el hombre ha tocado y sigue tocando fondo en su depravación moral (actos de injusticia contra sí mismos y contra sus semejantes). Se ha considerado que la mujer es la más pura y mucho menos depravada sexualmente que el hombre; pues aquí están de primeras en la sección (1:26); de segundo están los hombres (1:27). Cuando las mujeres se degradan, sobrepasan a los hombres; sin embargo Pablo trata de suavizar el degrado de las mujeres diciendo de los hombres, que ellos “se encendieron en su lascivia unos contra otros” (1:27). “Se encendieron” quiere decir “se abrazaron apasionadamente”. ¿Horrible o terrible? Lo peor es que personas supuestamente formadas intelectual y profesionalmente están involucradas en estos pecados (1:22).
Tanto la impiedad como la injusticia son actos conscientes; la una en contra de Dios y la otra en contra de nuestros semejantes. ¿Cómo nos está sirviendo nuestra conciencia moral? ¿Qué uso le estamos dando a nuestra conciencia espiritual? Cuando el apóstol habla del “juicio de Dios” en 1:32, se está refiriendo a una orden dada con toda claridad y que aquí dice que ellos la entendieron perfectamente; sin embargo esa orden es ignorada totalmente. Lo comentado aquí describe a nuestra sociedad presente? ¿Qué revelación de Dios puede esperar nuestra sociedad? ¡Gracias Señor Jesucristo por tu evangelio, gracias por tu sacrificio para liberarnos de la ira de Dios y gracias por traernos tu salvación!

Bendiciones para todos.

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