Jesús, la Luz del mundo

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Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.

Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
A donde yo voy, vosotros no podéis venir otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir? Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo. Pero no entendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. (Juan 8, 12-30)

En el estudio del Evangelio de Juan descubrimos y aprendemos que Juan es muy selectivo de lo que nos cuenta acerca de Jesús y de Jesús mismo. Para Juan es muy importante “lo que creemos de Jesús”, como “creer en Jesús mismo”. Por ejemplo, Juan nos relata siete milagros de Jesús, que aquí no llama “milagros” (dúnamis), sino “señales” (seméion). Juan recoge solo tres parábolas de Jesús, que en realidad no son parábolas, sino alegorías (metáfora extendida o conjunto de metáforas); ellas son: Jesús el pan de vida (6:32-58), el Pastor y las ovejas (10:1-18) y la vida y los pámpanos (15:1-8). El apóstol también nos deja siete discursos (prédicas, mensajes o enseñanzas) de Jesús que están entre el capítulo 3 y el capítulo 10, aparte del gran discurso final y de despedida, que va desde el capítulo 13 hasta el 17.
En el capítulo de hoy, después de un paréntesis narrativo (8:1-11), Juan nos comparte el sexto de los siete discursos de Jesús, el cual tiene cinco puntos y que va desde el versículo 12 hasta el 59. Nuestra reflexión es en los dos primeros puntos (8:12-30).
En el primero punto (8:12-20) tenemos el segundo de los siete “Yo soy” (en griego: Egó eimí, que equivale al tetragrama hebreo YHWH) con los que Jesús se identifica delante de sus oyentes. Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo…” (8:12). Aquí hay algo interesante que nos lleva al capítulo 5:31-47. El capítulo 5 es por excelencia el capítulo de las credenciales de Jesús. Como la ley “dice” que no es válido el testimonio de uno mismo, allí les había presentado cinco testigos (o credenciales) de quien era él: Juan el Bautista (5:33-35), las obras que hacía (5:36), el Padre mismo (5:37-38), las Escrituras (5:39-40) y Moisés (5:45-47). Ahora Jesús hace válido Su testimonio junto con el del Padre (8:13-18). Muy interesante esta discusión y la interpretación de la ley que expone Jesús; porque ¿Dónde decía la ley que el testimonio de uno no era válido? ¿En Juan 5:31 Jesús lo dijo como una sentencia o como prevención contra los judíos? ¿Deuteronomio 19:15 excluye el testimonio personal? ¿O Jesús hace distinción entre el testimonio legal y el testimonio espiritual? Interesante discusión.
Cuando Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo”, está diciendo que como tal, su función es llamar a las personas que se encuentran en tinieblas no solo a “andar en luz”, sino también a “ser luz” y garantiza que “nadie quien le sigue, estará alguna vez en ignorancia”. Luz y tinieblas (u oscuridad) son dos elementos antagónicos en este evangelio. La luz describe a Dios (Cristo) y a su palabra; la oscuridad es todo lo que se opone a Dios.
En el segundo punto (8:21-30), parece que hay un cambio de audiencia; como que algunos se fueron y quedaron solo quedaron pocos; entre ellos, los que quería seguir escuchando a Jesús. Aquí ocurrió un milagro; cualquiera otro que hubiese hablado como estaba hablando Jesús, lo habrían apresado o apedreado. Pero algunos quizá se retiraron y otros pensaban que a lo mejor él se mataría a sí mismo más adelante (8:22). Para Jesús, la vida está en conocer al Padre y conocer al Hijo (17:3), pero sus opositores ni conocían (y no querían conocerlo) al Padre y menos al Hijo (8:19). Entonces viene una sentencia: “en vuestros pecados moriréis” (8:21); y viene la declaración: “vosotros sois de abajo… vosotros sois del mundo” y reitera la sentencia dos veces más: “en vuestros pecados moriréis” (8:23-24). Sordos que no quieren oír; ciegos que no quieren ver; pero una cosa es no poder y otra cosa es no querer.
Aquí aparece una pregunta como de algunos que acaban de llegar sitio y que tampoco estuvieron en la presentación narrada en el capítulo 5: Le preguntaron: ¿Tú quién eres? Jesús parece cortar la discusión y seguir más bien con su mensaje. De los que le habían escuchado muchos creyeron en él (8:30).
Jesús es la Luz del mundo; es Hijo y enviado del Padre. Observemos que en este capítulo el término “verdad” y sus derivados aparece 14 veces; el testimonio de Jesús mismo y del Padre es verdadero porque dice la verdad. Es necesario entender esta verdad, porque ahí esta la vida: Conocer al Padre y al Hijo; de lo contrario “moriréis en vuestros pecados”, pues la vida eterna consiste en conocer al Padre y en conocer al Hijo. ¿Cuánta gente está todavía como la de este encuentro: en ignorancia? Jesús les dice “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (8:12). Jesús nos garantiza no solo andar en luz, tener y ser luz; y no cualquier luz; es la luz de la vida.
Bendiciones para todos.

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