Esperanza de liberación por la misericordia de Dios

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Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz; ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día. Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos; edificó baluartes contra mí, y me rodeó de amargura y de trabajo. Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo. Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración; cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos. Fue para mí como oso que acecha, como león en escondrijos; torció mis caminos, y me despedazó; me dejó desolado.

Entesó su arco, y me puso como blanco para la saeta. Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba. Fui escarnio a todo mi pueblo, burla de ellos todos los días; me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos. Mis dientes quebró con cascajo, me cubrió de ceniza; y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien, y dije: perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová. Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.

Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza; dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas. Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra, torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo, trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba. ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado.

Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos; nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste. Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no perdonaste; te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra; nos volviste en oprobio y abominación en medio de los pueblos. Todos nuestros enemigos abrieron contra nosotros su boca; temor y lazo fueron para nosotros, asolamiento y quebranto; ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Mis ojos destilan y no cesan, porque no hay alivio hasta que Jehová mire y vea desde los cielos; mis ojos contristaron mi alma por todas las hijas de mi ciudad.

Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin haber por qué; Ataron mi vida en cisterna, pusieron piedra sobre mí; aguas cubrieron mi cabeza; yo dije: Muerto soy. Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda; oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.

Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida. Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa. Has visto toda su venganza, todos sus pensamientos contra mí. Has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí; los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día. Su sentarse y su levantarse mira; yo soy su canción. Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos. Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová. (Lamentaciones 3:1-66)

Como anotábamos en una reflexión anterior, este libro está compuesto por cinco poemas, independientes en carácter pero unidos por un mismo tema: La destrucción de Jerusalén, hace cerca de 2.600 años.
Su nombre en hebreo es “eikhah”; es decir: ¡Cómo! Es es la primera palabra de libro. En griego tiene el nombre de “threnoi”; es decir: Lamentos, lágrimas. Los judíos lo leen cada año (9 de Ab, entre Julio y Agosto) conmemorando la destrucción de Jerusalén. Es un libro devocional; no contiene doctrinas teológicas; tiene el esquema de una oración como la hacían los siervos de Dios: Confesión de pecado y petición de perdón. Los cuatro primeros capítulos (poemas) están escritos en forma de acróstico en su idioma hebreo; cada versículo inicia con una de las 22 letras de del alefbet (alfabeto) hebreo; en el capítulo tres se triplican los versículos. El capítulo cinco aunque también tiene 22 versículos, no está en acróstico.
En nuestro capítulo tres, el autor (en nombre de su ciudad) expresa su sufrimiento a causa del enojo de Dios por el pecado (3:1-21); pero también expresa su confianza en la consolación que por medio de sus atributos el Señor le da (3:22-39). Luego hace una confesión de su pecado y reconoce que la aflicción que vive es un castigo de parte de Dios (3:40-54) y finalmente expresa su confianza en que Dios traerá salvación a su vida (su pueblo) 3:55-66.
Es interesante que en un libro como este, Lamentaciones, encontremos unas de las palabras más alentadoras de toda la Biblia (3:22-27; 31-33); una expresión de seguridad en la misericordia de Dios, que incluso muchos que vivimos en la gracia de Dios pasamos por alto. A algunos, la tutela de la ley les tiene tan marcados que les es difícil recibir con absoluta confianza estas palabras.
En el caso de Jeremías y del pueblo (atención a esto), apenas estaban empezando los tiempos difíciles y cautiverio babilónico; y Jeremías lo sabía (ver. Jer. 25:11 y 29:10). Sin embargo, en un libro como esté, un libro de llanto, de lamento, de la expresión de un profundo dolor, salen esas palabras de vida, de esperanza, de poder y de confianza en la misericordia de Dios. ¡Increible! Pero es cierto. Y lo que me sigue asombrando es la serenidad y la cabeza bien puesta del autor, para escribir casi todo el libro en acróstico. En una situación como la de este contexto, ¿Quién tiene cabeza para hacer algo semejante? Esto sí es creer que la gracia y en la misericordia de Dios está con uno, a pesar de lo que se ha vivido, se está viviendo y se viene por vivir. Esto sí es confianza en Dios.
Dios ha hecho un pacto con su pueblo y lo cumplirá a todo costo; seguro que sí; de eso estaba seguro Jeremías; y yo también. Quizá en algún momento tengamos que sufrir, lamentarnos y hasta llorar amargamente (guárdanos Señor), a consecuencia de nuestras rebeliones delante de Dios (líbranos, oh Dios); todas nuestras rebeliones y pecados delante de Dios tienen sus consecuencias; pero de algo debemos estar seguros y es de lo mismo que estaba seguro Jeremías. ¿Ya sabe de qué estaba seguro Jeremías? Escriba aquí su comentario y comparta este mensaje con alguien que lo necesita; usted sabe quién es.
Feliz día y que la gracia y la misericordia de Dios sigan con usted hoy y siempre.

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