¿A quién te pareces en tu grandeza?

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Y sucedió en el undécimo año, el tercer mes, el día primero del mes, que vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: Hijo de hombre, di a Faraón, rey de Egipto, y a su multitud: “¿A quién te pareces en tu grandeza? “He aquí, Asiria era un cedro en el Líbano de hermosas ramas y frondoso, de sombra abundante y de elevada estatura, y su copa estaba entre las nubes. “Las aguas lo hicieron crecer y las corrientes profundas lo encumbraron; con sus ríos se extendía en torno al lugar donde estaba plantado, y enviaba sus corrientes a todos los árboles del campo. “Por eso su altura era mayor que la de todos los árboles del campo; se multiplicaban sus ramas y se alargaba su ramaje, extendiéndose a causa de las muchas aguas. “En sus ramas anidaban todas las aves del cielo, bajo su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban todas las grandes naciones. “Era, pues, hermoso en su grandeza, por la extensión de sus ramas; porque sus raíces estaban junto a muchas aguas. “Los cedros no lo igualaban en el huerto de Dios; los cipreses no se podían comparar con su ramaje, y los plátanos no igualaban sus ramas. Ningún árbol en el huerto de Dios podía compararse a él en su hermosura. “Hermoso lo hice por la multitud de sus ramas, y lo envidiaban todos los árboles del Edén que estaban en el huerto de Dios. “Por tanto, así dice el Señor DIOS: ‘Porque es de elevada estatura, y ha puesto su copa entre las nubes, y su corazón es altivo por su altura, lo entregaré, pues, en manos de un déspota de las naciones que lo tratará con dureza. Conforme a su maldad lo he echado fuera. ‘Y extranjeros, los más crueles de entre las naciones, lo han derribado y abandonado; sobre los montes y en todos los valles han caído sus ramas, y su ramaje ha sido quebrado en todas las barrancas de la tierra; todos los pueblos de la tierra se han retirado de su sombra y lo han abandonado. ‘Sobre sus ruinas habitarán todas las aves del cielo, y sobre su ramaje derribado estarán todas las bestias del campo, para que no se exalten en su altura ninguno de los árboles junto a las aguas, ni alcen su copa entre las nubes, ni confíen en su altura sus poderosos bien regados. Porque todos han sido entregados a la muerte, a las profundidades de la tierra, entre los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa.’ “Así dice el Señor DIOS: ‘El día en que descendió al Seol causé lamentaciones, le cerré las corrientes profundas y detuve sus ríos. Sus muchas aguas cesaron, e hice que el Líbano se lamentara por él y por él todos los árboles del campo se marchitaron. ‘Al estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando lo hice descender al Seol con los que descienden a la fosa; entonces todos los árboles bien regados del Edén, los escogidos y los mejores del Líbano, se consolaron en las profundidades de la tierra. ‘También ellos descendieron con él al Seol, con los que murieron a espada; y los que eran su fuerza habitaban bajo su sombra en medio de las naciones. ‘¿A quién, pues, eres semejante en gloria y grandeza entre los árboles del Edén? Sin embargo, serás derribado con los árboles del Edén a las profundidades de la tierra; yacerás en medio de los incircuncisos, con los que fueron muertos a espada. Así es Faraón y toda su multitud'” declara el Señor DIOS. (Ezequiel 31:1-18)

Hay personas y pueblos que la vida y la historia parecen no enseñarles ninguna lección importante; se creen tan seguros e invulnerables, tal como pensaba y se sentía el capitán del Titanic. Hay personas que con su manera de pensar y de actuar, ponen en riesgo la vida de muchos otros, incluyendo a inocentes. A los egipcios les pasó cantidad de veces; casi podemos afirmar que la historia de Egipto es una historia de derrotas continuas, debido al orgullo y obstinación de sus faraones.

Con esta alegoría (metáfora del cedro extendida o explicada), Dios quiere enseñarle a Egipto una vez más que no importa que tan grande y tan fuerte se haya hecho en el momento, tal como lo fue Asiria, la cual cayó. Egipto también caerá. Faraón debió haber aprendido la lección en su propia historia y ahora mirando el juicio de Dios sobre Asiria. Quien no aprende la lección en cuerpo ajeno, le tocará aprenderla en carne propia; definitivamente. Al que no reconoce el poder del verdadero Dios le pasa eso. Los árboles en la Biblia son símbolo de respeto y autoridad; con frecuencia bajo su sombra se meditaba o se adoraba; su suelo era considerado un lugar santo; de igual manera también simbolizaban o eran figuras para un tema o una lección; así se usa en este caso.

Esta profecía fue recibida de parte de Dios y dada por el profeta pocos días antes de la destrucción total de Jerusalén. La figura del cedro aquí es una representación de lo que fue Asiria y de cómo ahora se estaba creyendo Egipto (v.2, 3 y 18). La palabra contra Egipto abarca los capítulos desde el 29 hasta el 32. Claramente podemos ver aquí que el motivo para la caída del cedro (figura) es el mismo que hizo y ha hecho caer a otros pueblos y personas en particular: El orgullo, la confianza en sí mismo y el no darle a Dios la pertinente y merecida honra y gloria (v. 10 y 11). Egipto había sido dominado por Asiria muchos años; ahora que Asiria había caído, Faraón quiso imitar esa grandeza; se olvidó de las lecciones que aun en carne propia había recibido de Dios en el pasado.

¿A cuántos nos pasa como a Egipto? ¿A cuántos les estamos poniendo la vida en riesgo con nuestro orgullo, obstinación y por no darle la gloria a Dios? (¿Quien o cuantos nos están poniendo en riesgo a todos?) La palabra de este texto es para nosotros hoy; para que no caigamos en la misma actitud del Faraón y su pueblo y seamos comparados con alguno que “subió como palma y cayó como coco”; para que no seamos como los que se creen invulnerables; para que no seamos como los que al tratar ciertos asuntos, Dios es un entrometido; ¡Jamás nos suceda! Dios es y solo él es Soberano; merece toda la honra, la gloria y la alabanza; Dios es y debe ser siempre nuestro único refugio y reconocido como el Dios de las victorias permanente.

Feliz y bendecido día para todos.

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