A qué compararemos el reino de Dios

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     Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«También decía: ¿A qué compararemos el reino de Dios, o con qué parábola lo describiremos? Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra, sin embargo, cuando es sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra». (Marcos 4:30-32)

Mientras que Mateo recoge y registra más de las enseñanzas de Jesús, Marcos aunque lo muestra muchas veces enseñando, se interesa más por las acciones de Jesús; de los evangelios sinópticos es el que menos parábolas registra. En este capítulo solo nos cuenta tres.

Esta es una de las parábolas del reino que lo compara con una semilla de mostaza. La comparación viene en respuesta a la pregunta del versículo 30: “¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? La respuesta de Jesús puede ser explicada en sentido cuantitativo (Mt. 13:38), pero también en sentido cualitativo (Lc. 8:11); aquí usaremos el cualitativo. Diremos entonces que la respuesta va en dirección a lo que reino de Dios llega a ser en forma de “palabra”, tanto en el interior como en la vida visible de la persona, cuyo corazón dispone como buen terreno para que la semilla (la palabra) sembrada crezca.

En este sentido, en la comparación de Jesús podemos resaltas cuatro aspectos del reino de Dios en forma de palabra, usando cualidades de la semilla de mostaza:

  • Su apariencia externa: “Es la más pequeña de todas las semillas de la tierra”. La importancia de la semilla no está en su apariencia física, sino en lo que ella llegará a ser. La palabra del reino en el corazón de una persona empieza siendo como una semilla de mostaza.
  • Su vitalidad interna: Una semilla en ambiente adecuado puede permanecer por mucho tiempo siendo simplemente una semilla; pero a diferencia de cualquier otro elemento que esté junto a ella, ésta conserva escondido un poder o principio vital, que al ser colocada en el terreno adecuado, manifiesta todo su poder: lo que es y lo que hay en ella. Así de poderosa es la palabra del reino en la vida de las personas que la reciben.
  • Su crecimiento físico: el grano “después de sembrado, crece, y se hace la mayor de la hortalizas”. Todo lo que tiene vida, crece; y “la palabra de Dios es viva…” (He. 4:12); esa palabra es viva porque va acompañada del Espíritu Santo. Jesús dijo: “…las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida (Jn. 6:63b). El proceso natural de todo lo que tiene vida es crecer, teniendo en cuenta el ambiente donde se está; a veces puede ocurrir que el proceso es admirable; una hortaliza con ramas tan grandes es algo extraordinario. Así es la semilla de la palabra cuando crece en la vida de una persona.
  • Su utilidad: “…las aves del cielo pueden morar bajo su sombra”. El reino de Dios en su pequeñez, en su origen, sus comienzos y medios (en cualquier sentido que se interprete) puede ser totalmente desconocido, ignorado, inútil e irrelevante; pero cuando crece y se desarrolla, la efectividad de su impacto hace que muchos se acerquen, unos para solo sacar provecho momentáneo, pero otros para permanecer bajo el abrigo de la palabra o en el ambiente del reino de Dios y recibir siempre la bendición.

¿Permitiremos que la semilla de la palabra cumpla su proceso de crecimiento y propósito en nuestras vidas, de tal manera que lleguemos a ser tan bendecidos como para bendecir también a otros?

Feliz día y bendiciones para todos.

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