Hagan lugar para nosotros en su corazón

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

Hagan lugar para nosotros en su corazón. A nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos explotado. No digo esto para condenarlos; ya les he dicho que tienen un lugar tan amplio en nuestro corazón que con ustedes viviríamos o moriríamos. Les tengo mucha confianza y me siento muy orgulloso de ustedes. Estoy muy animado; en medio de todas nuestras aflicciones se desborda mi alegría. Cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún descanso, sino que nos vimos acosados por todas partes; conflictos por fuera, temores por dentro. Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada sino también con el consuelo que él había recibido de ustedes. Él nos habló del anhelo, de la profunda tristeza y de la honda preocupación que ustedes tienen por mí, lo cual me llenó de alegría. Si bien los entristecí con mi carta, no me pesa. Es verdad que antes me pesó, porque me di cuenta de que por un tiempo mi carta los había entristecido. Sin embargo, ahora me alegro, no porque se hayan entristecido sino porque su tristeza los llevó al arrepentimiento. Ustedes se entristecieron tal como Dios lo quiere, de modo que nosotros de ninguna manera los hemos perjudicado. La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte. Fíjense lo que ha producido en ustedes esta tristeza que proviene de Dios: ¡qué empeño, qué afán por disculparse, qué indignación, qué temor, qué anhelo, qué preocupación, qué disposición para ver que se haga justicia! En todo han demostrado su inocencia en este asunto. Así que, a pesar de que les escribí, no fue por causa del ofensor ni del ofendido, sino más bien para que delante de Dios se dieran cuenta por ustedes mismos de cuánto interés tienen en nosotros. Todo esto nos reanima.

Además del consuelo que hemos recibido, nos alegró muchísimo el ver lo feliz que estaba Tito debido a que todos ustedes fortalecieron su espíritu. Ya le había dicho que me sentía orgulloso de ustedes, y no me han hecho quedar mal. Al contrario, así como todo lo que les dijimos es verdad, también resultaron ciertos los elogios que hice de ustedes delante de Tito. Y él les tiene aún más cariño al recordar que todos ustedes fueron obedientes y lo recibieron con temor y temblor. 16 Me alegro de que puedo confiar plenamente en ustedes. (2 Corintios 7:2-16)

En nuestro texto de hoy el apóstol Pablo continúa afirmando su sencillez y sinceridad delante de los hermanos y que empezó a hablar en 1:12-24. Ver reflexión de Septiembre 8 de 2016. Este uno de los capítulos en donde el apóstol más habla de sus sentimiento hacia Dios y hacia la iglesia. Defiende su conducta entre ellos, aunque no para condenarles, ya que los lleva muy en su corazón (7:3). Ya les había insinuado que debían ser más abiertos de corazón entre ellos (6:12-13), no unirse en yugo desigual (6:14-15) y guardarse en santidad para Dios (6:16-7:1). Ahora el apóstol se goza por el consuelo de Dios y por aquello que antes les había causado tristeza, pero ahora ha terminado en verdadero arrepentimiento de los corintios para con Dios.

Del capítulo anterior a este, se nota el cambio de tono en el apóstol; antes fue un poco severo al hablarles, reflejando algo de ansiedad en su corazón por ellos, pero ahora se nota un todo de confianza en los corintios y de satisfacción personal. En los versículos 5-9 explica los motivos de su satisfacción y en los versículos 11-13 llega al punto de elogiar a los corintios.

Ciertamente hay momentos en que la amonestación es sumamente necesaria; quien la da debe hacerlo con un corazón no reactivo sino proactivo; con un corazón sincero y sintiendo la afectación causada por la conducta de la persona a amonestar. Quien recibe la amonestación debe darse cuenta de lo que su conducta está causando y su necesidad de ser quien debe ser, con una conducta como corresponde a los santos hijos de Dios. El gozo que se siente por la transformación de una persona como resultado de una amonestación es indescriptible. Eso sintió el apóstol al ser informado por Tito del cambio para bien de los hermanos de Corinto.

Como líderes, ¿cuál es la condición de nuestro corazón en el momento cuando amonestamos a alguien? Como amonestados, ¿Con qué actitud recibimos la amonestación? ¿Cuáles son los resultados que hemos experimentado por la amonestación? Si amonestamos a alguien, hagámoslo con sencillez y sinceridad de corazón; si somos amonestados, atendamos a lo que se nos dice, con corazones más abiertos entre nosotros (6:12-13). Que nuestros corazones sean llenados de gozo y que hayan palabras de bendición para todos nosotros.

Feliz día. Dios nos bendiga a todos.

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