En aquel día pedirán en mi nombre

     Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Les he dicho todo esto por medio de comparaciones, pero viene la hora en que ya no les hablaré así, sino que les hablaré claramente acerca de mi Padre. En aquel día pedirán en mi nombre. Y no digo que voy a rogar por ustedes al Padre, ya que el Padre mismo los ama porque me han amado y han creído que yo he venido de parte de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo de nuevo el mundo y vuelvo al Padre.

—Ahora sí estás hablando directamente, sin vueltas ni rodeos —le dijeron sus discípulos—. Ya podemos ver que sabes todas las cosas, y que ni siquiera necesitas que nadie te haga preguntas. Por esto creemos que saliste de Dios.

—¿Hasta ahora me creen? —contestó Jesús—. Miren que la hora viene, y ya está aquí, en que ustedes serán dispersados, y cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo. Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo». (Juan 16, 25-33 – NVI)

Interesante; Jesús como el Maestro de maestros utilizó muchas figuras literarias para dar sus enseñanzas, entre las cuales estaban principalmente las parábolas y los dichos parabólicos; Juan nos permite ver que Jesús también hizo uso de las alegorías y de hecho nos da algunos ejemplos de ellas.

El griego koiné en el que fue escrito en Nuevo Testamento tiene dos palabras para alegoría:

  • “Alegoreo”, cuyo significado es “hablar no según el sentido primario de la palabra, sino que los hechos afirmados se aplican a ilustrar principios” (Vine).
  • “Paroimía”, cuyo significado aproximado es “hablar en forma enigmática o ficticia para ilustrar algo; la ilustración puede ser dada en refrán, máximas o enigmas”. Aquí hay que hacer un poco de más esfuerzo para la comprensión que en el caso anterior.

Una alegoría en sentido general es “una metáfora en forma extendida, o la unión de varias metáforas donde cada una representa una realidad distintas”; una metáfora es hacer semejanza entre dos realidades distintas, pero declarando que la una es la otra para ilustrar un principio. El significado alegórico no anula el significado literal, que es único, pero una palabra puede tener más de un significado alegórico.

Si observamos bien, notaremos que Jesús usa varias metáforas (y alegorías) en su discurso que va desde el capítulo 13 hasta el 16 de Juan, las cuales representan realidades distintas. Por ejemplo, Jesús le dijo a Judas: “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto” (13:27); aquí tenemos un dicho enigmático que los discípulos no entendieron (13:28). También dijo: “Yo soy el camino…” (14:6); esta es una de varias metáforas. En el capítulo 15:1 dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”; aquí hay dos metáforas; el relato completo forma una alegoría. Un ejemplo más; Jesús llama al Espíritu Santo con el nombre o adjetivo verbal de “Parákletos”, es decir, “Consolador” (16:7). Parákletos se le llamaba a una persona capacitada para prestar ayuda a alguien en un juicio ante una corte; así se le llamaba a los abogados. Toda la explicación que da Jesús de allí en adelante hace que su ilustración sea una alegoría, tal como lo expresa en 16:25.

El término usado aquí para alegoría es “paroimía”; por eso cuando Jesús hablaba a sus discípulos, ellos no entendía de inmediato lo que Jesús les hablaba. No entendieron qué quiso decirle a Judas (13:28); Tomás no entendió lo del camino al Padre (14:5), ni Felipe entendió la relación de Jesús con el Padre (14:8); no entendieron lo de la vid, el labrador y los pámpanos, ni lo del “Parákletos” (Consolador) ni muchas otras cosas (16:17-18), hasta que llegó un momento en el que por fin pudieron entender algo de lo que Jesús les decía (16:29-30).

Ciertamente en muchos momentos hay que hacer un poco de esfuerzo para entender algunas lecciones que Dios quiere darnos; a veces nuestros sentidos no están entrenados/ejercitados para escuchar a Dios; somos tardos para oír, somos inexpertos para entender y explicar la voluntad de Dios (He. 5:11-14). Siempre es bueno estar más cerca de Dios en todo momento, escucharle más continuamente.

Mucha de la turbación que vivimos y experimentamos es porque no escuchamos a Dios o no entendemos lo que él nos quiere decir; su mensaje tiene el propósito de traernos paz interior y paz a nuestro derredor; debemos saber y entender que la paz viene de él (14:27), pero para recepcionar la paz en nuestra vida hay que escucharle y entenderle. Jesús ahora nos habla claramente en su palabra y además nos tiene como Maestro al Espíritu Santo. No hay excusas para no entenderle. Así que, aun en medio de la aflicción, podemos tener paz, si escuchamos y entendemos el mensaje que Dios nos está dando día a día.

Feliz día y bendiciones para todos.

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