Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.

Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.

Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?

Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.

El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo,sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios».  Juan 5, 1-18.

Otra vez vemos a Jesús en problemas con los judíos por sanar a un hombre en día sábado; y este no es el último, pues todavía falta la sanidad del ciego en el capítulo 9. ¿Sería que Jesús estaba en desacuerdo con el sábado? Por supuesto que no. Jesús como buen ejemplo de judío guardaba el sábado e iba a las sinagogas a adorar; en ningún momento Jesús se manifestó o dio muestras de estar en contra del sábado. Jesús estaba en contra de las minuciosas restricciones impuestas por las autoridades religiosas que a menudo iban en contra de los propósitos de Dios en cuanto a tener un día de descanso semanal. A veces aplicamos las leyes bíblicas a los demás sin todavía entender el propósito por el cual fueron dadas y convertimos la fe en una religión de opresión.

Juan en su evangelio no utiliza la palabra “milagro”; él habla de “señales” y esta es la tercera de siete señales seleccionadas por él. Una fe basada en Jesús como hacedor de milagros es una fe superficial; pero si se entiende el milagro como una señal, esta da fundamento a la fe y la orienta mucho más allá del beneficio temporal del milagro; la orienta completa y totalmente hacia Cristo como Redentor y su incidencia e implicaciones en la vida presente y futura.

¿Por qué había tantos enfermos en aquel lugar? Una tradición judía dice que en tiempos de Jesús, de un lado mucha gente de Jerusalén se sentía orgullosa de ser pobre; para ellos era un honor; de otro lado, era tenido por especial mérito dar limosna en la Ciudad Santa; esto hizo de Jerusalén un centro de mendicidad. Así la vida era muy difícil para los que estaban enfermos y que generalmente eran personas relegadas por la sociedad y excluidas del templo. La gente se hacía donde podía recibir ayuda (económica) o esperar un milagro.

Por algún pecado cometido en su juventud (v.14), un hombre llevaba allí 38 años de sufrimiento. Jesús para despertar su conciencia le hace una pregunta obvia: “¿Quieres ser sano?” La opresión moral y espiritual del hombre no le deja ver la posibilidad de hacer algo para cambiar su situación; se muestra como una persona sin nada de esperanza de una vida mejor; quien sabe cuánto tiempo más esperaba estar vivo allí.

Sorpresivamente Jesús le ordena: “Levántate, toma tu lecho y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo” (5:8, 9). Juan nos deja ver que Jesús no solo estaba interesado en sanarle solo físicamente a ese hombre, sino también, sanarle de su carga moral y espiritual; por eso más adelante Jesús le dirá: “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor” (v.14).

Reiteramos que no se trata de ser relajados y violar las leyes bíblicas a nuestro antojo; se trata primero de entender cuál es el principio y propósito ético, moral y espiritual de esas leyes y luego aplicarlas; de no hacer de la fe una religión de opresión como lo hacían los judíos, sino de verdadera liberación. Se trata de entender cuánto vale una persona para Dios y que él desea el bienestar de todos. Los expertos en la ley veían en Jesús a un violador del sábado; y para colmo, uno que dice que Dios es su Padre. Tan grave consideran los judíos este hecho, que no estaban pensando en apresarlo para meterle en una cárcel, sino para matarlo de una vez. Sin embargo, Jesús nos sigue diciendo: “Yo he venido para tengan vida, y para que la tenga en abundancia” (10:10). También dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt.11:28-30).

LA RAZÓN POR LA QUE DIOS NOS BENDICE ES PORQUE ESTÁ INTERESADO EN NUESTRO BIENESTAR FÍSICO, EMOCIONAL, MORAL Y ESPIRITUAL.