Pr Manuel Gamboa
Pr Manuel Gamboa

«No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo a ustedes, que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley». (Mateo 5:17-20 – NVI)

A partir de estos versículos tenemos un punto de partida nuevo en la exposición del Sermón del monte; en este punto se introduce y se aclara la misión de Jesús y su relación con la ley de Moisés. Jesús habiendo manifestado ciertas características morales y espirituales de los súbditos del “reino de los cielos” o reino mesiánico (3-12) y de indicar la influencia y responsabilidad que tienen (13-16), ahora pasa a indicar que su venida y el establecimiento de un nuevo reino no indica de su parte una abolición de la ley de Moisés, sino el cumplimiento total de ella, la cual los judíos han venido tratando de cumplir a la letra (5:17).

Quizá algunos presentes que escuchaban su sermón estaban pensando que la nueva propuesta de Jesús llevaría a un relajamiento de la ley y a un derrumbe de su autoridad; Jesús les aclara que su misión es cumplirla totalmente. La ley y los profetas era históricamente la base en la que se fundamentaba toda la vida religiosa, política, social y económica de los judíos; el reino de Dios como ellos lo entendían (así trajera o fuera el resultado de una gran revolución política) no implicaba para ellos desechar la revelación contenida en el Antiguo Testamento; Jesús les indica que él también está pensando igual que ellos. Además añade que:

  • La ley debe cumplirse toda, hasta en el más mínimo detalle (5:18);
  • Una persona es pequeña o grande en el reino, según cumpla o no la ley (5:19);
  • La justicia practicada debe ser mayor que la de los escribas y fariseos para el que quiere entrar en el reino de los cielos (5:20).

En la compresión de este texto es importante resaltar dos cosas: Las características de los que están dentro del reino de los cielos (3-12) y la forma como realmente se entiende y se explica la ley y los profetas (21-48). Las nuevas condiciones morales y espirituales de los habitantes del reino de los cielos, les capacita para ser las personas que deben ser y para hacer lo que deben hacer. Por otro lado, aquí está la diferencia de pensamiento y práctica de los mandamientos: Una cosa es leer la letra de la ley y aplicarla y otra cosa es explicar el espíritu y propósito de esa ley y así actuar. Yo puedo entender que 2 x 2 = 4 o 2 + 2 = 4 y así enseñarlo; pero no entender cuál es el principio, lógica o propósito que hay detrás de esa operación y menos saber explicarlo. Los judíos estaban pegados a la letra de la ley; “la letra mata”. Jesús da toda importancia al espíritu de la ley; “el espíritu trae vida” (2 Cor. 3:6). Ahí está la diferencia en compresión y aplicación del Antiguo Testamento.

Los apegados a la letra de la ley ven aquí una contradicción con el mensaje de las epístolas a los Romanos, Gálatas y Hebreos, que dan un fuerte énfasis en que nuestra salvación es solo por la fe en Cristo y no por las obras de la ley. Eso es cierto; pero no olvidemos que el énfasis moral y espíritu de la ley y los profetas es resaltar la santidad, la exclusividad y la perfección de Dios y llamarnos a cada a ser partícipes de esa santidad y perfección (5:48; ver Ex. 20:3 y Lev. 19:2). La letra de la ley puede hacer que cambiemos algunos de nuestros actos externos; pero el espíritu de la ley demanda en cada uno de nosotros, un cambio profundo en el corazón. Jesús ilustra esto con los cinco ejemplos siguientes: La ira, el adulterio, los juramentos, la venganza y el odio por los enemigos (21-48).

La ley solo puede referirse a nuestras acciones, no a los pensamientos que la originan. El pecado comienza en la mente y en la voluntad; es allí donde se necesita trabajar y eso solo lo puede hacer una nueva comprensión de la ley; es decir, entendiendo el espíritu de la ley, que es igual al evangelio de Jesucristo. Este evangelio acompañado de la gracia de Dios nos capacita para ser las personas que debemos ser y hacer lo que debemos hacer.

Que Dios nos bendiga y nos capacite cada día con su gracia para ser súbditos de su reino.

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