Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.
Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente. Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no? Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron». (Lucas 20, 19-26)

En la antigüedad el impuesto o tributo se pagaba de varias formas:

  • A través de los diezmos y ofrendas que se daban a Dios y que eran recogidos por los sacerdotes.
  • A través de una parte del botín de guerra que también se entregaba a los sacerdotes (Nm. 31:28-30).
  • A través del trabajo no remunerado que personas realizaban para algunas realizar algunas obras de especial importancia (Ex. 1:11).
  • Lo que el pueblo pagaba en dinero o en especie para el sostenimiento del rey (1 Sam. 8:11-17).
  • La tasa o renta que los comerciantes e importadores pagaban por el paso de sus mercancías (1 R. 10:14-15).
  • Lo que un rey paga a otro rey o emperador para demostrar sometimiento (1 R. 10:15; 2 R. 17:1-4).
  • Lo que se pagaba en apoyo a la construcción de grandes obras, como el templo (Esdras 7:24).
  • A través del impuesto eclesiástico para el mantenimiento del templo, como el caso de la viuda que lo pagó con las dos blancas (Mr. 12:41-44).

Uno de los propósitos de los censos en la época romana era para establecer qué monto debía pagar una ciudad o región al rey o emperador (Lucas 2:1, 2). Roma tenía entre muchos otros impuestos, el que cada persona debía pagar; los varones entre los 14 y 65 años y las mujeres entre los 12 y 65 años (tributum capitis); el que se pagaba por la propiedad de la tierra (tributum soli) y el que se pagaba como impuesto aduanero y por el uso de caminos y puentes (tributum arnona). Estos eran algunos de los tipos de impuestos que Zaqueo, Mateo y muchos otros publicanos cobraban para Roma en los tiempos de Jesús. En el caso de Galilea, esta debía pagar a Roma anualmente el equivalente a 3.600.000 salarios de un jornalero (dracma o denario).

Una de las razones por las que había tanta pobreza en los tiempos de Jesús era por la carga de impuestos que tenía la gente. Sin embargo, aunque Jesús no estaba de acuerdo con esos impuestos, los pagaba para no ofender (Mt. 17:24-27); a la pregunta si era o no lícito pagar tributo al Cesar, Jesús responde: “Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios” (Lc. 20:25). Este mismo sentir se expresa en la Iglesia de los comienzos a través del apóstol Pablo cuando dice: “Pagad a todos lo que debáis; al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto” (Rom. 13:7).

Bajando a nuestro texto en Lucas, leemos que los principales sacerdotes y los escribas a espaldas del pueblo querían apresar a Jesús y hacerlo tendiéndole trampas con una pregunta capciosa a través de gente sobornada que simulaba piedad. Observe el reconocimiento que le hacen en el versículo 21:

  • Eres un Maestro que dices y enseñas rectamente;
  • Eres alguien que no hace discriminación o acepción de personas;
  • Eres alguien que enseña el camino de Dios con verdad.
  • Esta gente no se da cuenta que está hablando con el mismo Dios encarnado.

Mucho de estos reconocimientos son los que buscan algunos líderes de hoy para el ejercicio de su autoridad sobre los demás. Interesante que Jesús no aprovechó ese momento para reafirmar su autoridad con un discurso para responder a la pregunta. Jesús pide una moneda, que para entonces tenía por un lado la imagen del emperador Tiberio con guirnaldas en el cuello y por el otro tenía la imagen de la madre del emperador sentada en un trono de dioses, con un cetro y un ramo de olivo. En aquel entonces las personas que usaban esas monedas, implícitamente estaban reconociendo la soberanía de quien las había acuñado; es decir, la soberanía de cuya imagen aparecía en la moneda. Jesús aprovecha ese hecho para hacer nula la trampa que le habían tendido.

Jesús nos da ejemplo de cómo debemos estar capacitados para responder a preguntas capciosas; pregunta que no tienen el propósito de informarse sobre sobre algo, sino buscar la caída de alguien. Jesús también fue ejemplo del respecto que se debe tener por las autoridades, aunque él es Señor de todo y tiene potestad en el cielo y en la tierra. Como cristianos, todos tenemos obligaciones que son legítimas hacia Dios y hacia nuestros gobernantes; solo cuando ambas autoridades están en conflicto, nuestras obligaciones serán hacia Dios. Los cristianos debemos ser ejemplo de buenos ciudadanos de un país, observando todas le leyes que no riñen con los principios divinos.

FELIZ DÍA; DIOS NOS BENDIGA HOY Y SIEMPRE.

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