Con mi voz clamé a Dios

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. Al Señor busqué en el día de mi angustia; Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso; mi alma rehusaba consuelo. Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu.

No me dejabas pegar los ojos; estaba yo quebrantado, y no hablaba. consideraba los días desde el principio, los años de los siglos. Me acordaba de mis cánticos de noche; meditaba en mi corazón, y mi espíritu inquiría: ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades?

Dije: Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos. Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder.

Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. Te vieron las aguas, oh Dios; las aguas te vieron, y temieron; los abismos también se estremecieron. Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relámpagos alumbraron el mundo; se estremeció y tembló la tierra. En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón. (Salmo 77:1-20)

Este salmo tiene mucho de parecido al capítulo 3 de Habacuc y semejanzas en algunas ideas. Se cruzan referencias por ejemplo entre Salmo 77:9 y Habacuc 3:2; entre salmo 77:16 y Habacuc 3:10; entre salmo 77:19 y Habacuc 3:15. Tanto el salmista como Habacuc parecen tener un problema moral que se relaciona con el trato de Dios con su pueblo. El salmista ve la desolación como algo que amenazaba en el pasado (77:2-6), mientras que Habacuc la ve como algo que está ocurriendo (3:2 y siguientes). De esto deducimos que Habacuc vivió (lógico) antes que el salmista y antes de la destrucción de la nación; el salmista la está viviendo o ya la vivió; por eso hace memoria del pasado (“me acordaba”) y las preguntas de los versículos 7-9, de las cuales en silencio (“selah”) espera una respuesta de Dios.
Este salmos refleja una época de gran aflicción nacional; ¿“Desechará el Señor para siempre y no volverá más a sernos propicios”? (77:7); el salmista habla en nombre de la nación y se alienta con el recuerdo de las “maravillas” que Dios ha hecho en el pasado en favor de su pueblo (77:11-15). En forma profética Habacuc también se refiere a los hechos de Dios en su favor (3:14). Recordemos que en la profecía bíblica, muchos hechos son referidos como si ya hubiesen ocurrido. Por ejemplo, Isaías 53:3 y siguientes, refiriéndose al Mesías habla en términos del pasado; pero ese hecho ocurrió setecientos años después de profetizado. El salmista habla históricamente, mientras que Habacuc habla proféticamente.
De este salmo aprendemos que el recordar los hechos de Dios en el pasado es una muy buena receta (fórmula) y medicina para las aflicciones del presente. Observemos los verbos en primera persona referidos al salmista en los versículos 3 al 6; todos se refieren a hechos del pasado. Observemos los verbos en tercera persona referidos a Dios en los versos 16 al 20; también se refieren a hechos del pasado.
Ciertamente hay pasado que necesitamos olvidar, pero también pasado que debemos recordar. Hay personas que le tienen aversión al pasado; el mandamiento recurrente de Dios en el pasado es “acuérdate…”. Hay muchas personas que en situaciones de dificultad e incertidumbre buscan una palabra profética que les dé consuelo y esperanza para el futuro; otros lo hacen por costumbre, aun en situaciones manejables; el salmista nos enseña a mirar la historia.
¿Qué tanto sabemos de Dios que en momentos de dificultad nos trae (da) fuerza, motivación y esperanza a nuestra vida? ¿Cuál es nuestra experiencia con Dios que nos da seguridad de su favor y que nos permite dar testimonio de bendición a otros? ¿Cuál es el fundamento de nuestra confianza (fe absoluta y fidelidad) en Dios: lo que él ya hizo o lo que todavía no ha hecho? Recordemos también que en cuanto al manejo del tiempo, Dios usa el “kairós”, mientras que nosotros usamos el “cronos”; es decir, no sabemos cuánto tiempo nos toque esperar. Mientras que mi esperanza se fundamenta en lo que Dios ha dicho que va a hacer, mi fe se fundamenta en lo que Dios ya ha hecho y conozco; en mi esperanza tengo las manos vacías, mientras que en mi fe tengo mis manos llenas. Contémonos nuestras historias con Dios; pongámosle música; si Dios lo hizo una vez contigo o conmigo, seguro que lo puede volver hacer con cualquiera.
Bendiciones para todos, mientras recordamos nuestra experiencia con Dios y los hechos de Dios a nuestro favor.

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