Carisma Radio – La resurrección

Pr. Manuel Gamboa

Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. Muy de mañana el primer día de la semana, apenas salido el sol, se dirigieron al sepulcro. Iban diciéndose unas a otras: «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?» Pues la piedra era muy grande.

Pero, al fijarse bien, se dieron cuenta de que estaba corrida. Al entrar en el sepulcro vieron a un joven vestido con un manto blanco, sentado a la derecha, y se asustaron.

―No se asusten —les dijo—. Ustedes buscan a Jesús el nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron. Pero vayan a decirles a los discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo”.

Temblorosas y desconcertadas, las mujeres salieron huyendo del sepulcro. No dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

Cuando Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue y avisó a los que habían estado con él, que estaban lamentándose y llorando. Pero ellos, al oír que Jesús estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron.

Después se apareció Jesús en otra forma a dos de ellos que iban de camino al campo. Estos volvieron y avisaron a los demás, pero no les creyeron a ellos tampoco. (Marcos 16:1-13)

Los detalles que nos dan los evangelistas en sus breves relatos sobre la resurrección de Jesús, dejan ver que ninguno de ellos esperaba realmente que él resucitara. Igual pasaba con el grupo de mujeres que madrugaron a visitar la tumba; ellas pudieron haberse ahorrado todo el dinero que gastaron en especias aromáticas, si le hubiesen creído al Señor, si hubiesen tenido un poco de fe en sus palabras. En su afán, parece que ni se dieron cuenta que Nicodemo ya había hecho una inversión mayor para preparar el cuerpo de Jesús (Jn. 19:39-40). Menos mal que no contrataron obreros para remover la piedra de la entrada al sepulcro, porque al parecer, la preocupación era grande en este sentido.
Interesante es la gran demostración de aprecio que se le hizo varias veces a Jesús. De acuerdo con Juan 12:1-3, una semana antes de su muerte, ya María había hecho una altísima inversión ungiendo los pies del Señor, en una cena de agradecimiento por la resurrección de su hermano Lázaro. Según Mateo (26:6-13) y Marcos (14:3-9), un amigo llamado Simón (el leproso) dispuso su casa para esa gran cena. Lucas (7:36-38) nos cuenta que tiempo atrás en casa de otro Simón (el fariseo), en una de las primeras demostraciones de aprecio, una mujer (pecadora, según Simón, v.39b) ya había hecho alguna buena inversión, ungiendo los pies de Jesús (v.39). Ahora, Marcos nos cuenta de otra inversión post mortem para Jesús, por parte de un pequeño grupo de mujeres (Mc. 16:1).
Volvemos al punto anterior. Estas mujeres (al igual que las demás personas), nunca abrigaron en sus corazones la esperanza o la posibilidad que Jesús resucitara y menos que estuviera vivo; por eso la sorpresa fue grande a causa de la aparición y las palabras del ángel. Tres tipos de reacciones nos menciona Marcos en estas mujeres, además de que “huyeron del sepulcro”: Temblor, espanto y miedo; se añade el hecho de quedar como mudas (16:8).
María Magdalena, por alguna razón se quedó atrás en el camino de regreso y tuvo el privilegio de ser la primera en ver a Jesús resucitado (16:9). Y otra vez, fue ella a contar que había visto al Señor resucitado y los discípulos no le creyeron: Interesante; nadie esperaba que Jesús resucitara. María les llevó la noticia en la mañana y no le creyeron; los dos que Lucas (24:13-35) dice que iban camino a Emaús en esa tarde y que Jesús se les apareció, fueron en la noche a dar la noticia a los discípulos y tampoco les creyeron (Mc. 16:12-13). Todo un día en incredulidad.
Interesante; todos aquellos que estuvieron tan cerca de Jesús, nunca esperaron que el realmente resucitara; y más, la noticia de su resurrección en ningún momento les puso a pensar: ¿Será cierto lo que dijo sobre que “resucitaría al tercer día”? Ni siquiera dudaron del testimonio de las personas que testificaron; sencillamente no les creyeron. Bueno, lastimosamente, todavía hay gente que cree que Jesús sigue muerto. Otros, para salirse por la tangente, piensan que Jesús no murió verdaderamente; o que el Jesús resucitado era un impostor; o que todo fue una mera ilusión por parte de quienes le conocían. ¡Wao! Con todos los testimonios que tenemos, habría que tener mucho más fe que la de un verdadero creyente, para suponer o creer en semejantes hipótesis.
Las mujeres estaban preocupadas por la gran piedra a la entrada de la tumba de Jesús; pero quizás la mayor piedra es la que nos impide saber cómo vivir, es decir, conocer el camino, saber abrir nuestra conciencia a la verdad que nos hace libres y así recibir la vida abundante, la cual es el gran regalo que nos mandó Dios con su Hijo Jesús. Necesitamos darnos cuenta que ya Dios mismo, con el testimonio de su Palabra, quitó la piedra y todas las piedras que nos podían impedir ver su gloria, ver la vida, creer que Jesús es la resurrección y la vida y quien vino a dar razón, sentido y esperanza a nuestra vida. Cristo no está en la tumba; él ha resucitado para garantía de nuestra vida abundante y vida eterna.
Feliz bendecido día para todos.

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