Carisma Radio – Exhortaciones y advertencias (I)

Pr. Manuel Gamboa

Estos, pues, son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el Señor vuestro Dios me ha mandado que os enseñe, para que los cumpláis en la tierra que vais a poseer, para que temas al Señor tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Escucha, pues, oh Israel, y cuida[a] de hacerlo, para que te vaya bien y te multipliques en gran manera, en una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres, te ha prometido.

Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.

Y sucederá que cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no edificaste, y casas llenas de toda buena cosa que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivos que tú no plantaste, y comas y te sacies; entonces ten cuidado, no sea que te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. Temerás sólo al Señor tu Dios; y a El adorarás, y jurarás por su nombre. 14 No seguiréis a otros dioses, a ninguno de los dioses de los pueblos que os rodean, 15 porque el Señor tu Dios, que está en medio de ti, es Dios celoso, no sea que se encienda la ira del Señor tu Dios contra ti, y El te borre[f] de la faz de la tierra.

16 No tentaréis al Señor vuestro Dios, como le tentasteis en Masah. Debéis guardar diligentemente los mandamientos del Señor vuestro Dios, y sus testimonios y estatutos que te ha mandado. Y harás lo que es justo y bueno a los ojos del Señor, para que te vaya bien, y para que entres y tomes posesión de la buena tierra que el Señor juró que daría a tus padres, echando fuera a todos tus enemigos de delante de ti, como el Señor ha dicho.

Cuando en el futuro tu hijo te pregunte, diciendo: “¿Qué significan los testimonios y los estatutos y los decretos que el Señor nuestro Dios os ha mandado?”, entonces dirás a tu hijo: “Eramos esclavos de Faraón en Egipto, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. “Además, el Señor hizo grandes y temibles señales y maravillas delante de nuestros ojos contra Egipto, contra Faraón y contra toda su casa; y nos sacó de allí para traernos y darnos la tierra que El había jurado dar a nuestros padres.” Y el Señor nos mandó que observáramos todos estos estatutos, y que temiéramos siempre al Señor nuestro Dios para nuestro bien y para preservarnos la vida, como hasta hoy. Y habrá justicia para nosotros si cuidamos de observar todos estos mandamientos delante del Señor nuestro Dios, tal como El nos ha mandado. (Génesis 3:1-24)

En la Biblia solo tenemos cuatro capítulos donde no vemos la influencia de la acción pecaminosa del hombre; son Génesis 1 y 2 y Apocalipsis 21 y 22. A partir del capítulo 3 de Génesis y en todo el resto de la Biblia, vemos la influencia del pecado y el esfuerzo de Dios por liberarnos de sus consecuencias.
Del relato de la caída del hombre hay muchas versiones aparte del que tenemos en la Biblia; al parecer, en cada zona o región del mundo hay versión; pero una que se ha hecho popular entre los estudiosos de la Biblia es la conocida como el “Mito de Adapa”; no es historia, tampoco leyenda; es un mito babilónico. En breve, lo que aquí se cuenta es que Adapa (supuestamente Adán) ofendió al dios “Ea” (supuestamente Yah o Jehová); Adapa fue llamado al cielo para que respondiera por sus hechos ante el dios “Anu” (el rey de los dioses). Pero Ea, el dios ofendido, dio instrucciones equivocadas a Adapa; le dice que no debe comer la comida que le sirvan en el cielo porque moriría; pero resultó que en el cielo le sirvieron a Adapa comida de vida y el la rechazó, siguiendo la instrucción de Ea. Anu se enojó y lo condenó a vivir en la tierra sin las bendiciones del cielo. Que relato más lejos de la verdad bíblica.
Muchos consideran al capítulo 3 de Génesis como el más importante, ya que alrededor de lo que aquí se narra gira toda la Biblia; si este capítulo no existiera, tendríamos un gran vacío en lo que se narra a partir del capítulo 4; tendríamos muchas preguntas sin responder. Este capítulo es como la montaña de donde nacen varios ríos; el río de los celos, el de la ira, el del asesinato, el de la mentira, el de la maldad, el río de la corrupción, el río de la rebelión, el del juicio a los demás y sigue la lista. Todos estos ríos son la explicación divina a los males de este mundo y nacen en el cerro del capítulo 3. Quien toma el agua de cualquiera de estos ríos, lo menos que querrá será acercarse a Dios y hará cualquier cosa para tapar su vergüenza.

Dos cosas entre otras aprendemos de este capítulo:

– El hombre fue creado inocente, pero no justo; y
– El hombre fue creado fuerte, excepto en su carácter.

Las dos cosas (inocencia y carácter) fueron afectadas por el pecado. El hombre fue creado un ser responsable; el debió conservar su inocencia y debió fortalecer su carácter; aquí empieza el principio de responsabilidad y la tarea que Dios le dejó al hombre. Ahora, qué contraste entre el tamaño de los privilegios y el tamaño de la responsabilidad. Dios le dijo a Adán: “De TODO árbol del huerto podrás comer” (privilegio). ¿Cuántos árboles había? “más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (responsabilidad). ¿Cuántos árboles de la ciencia del bien y del mal había? ¿Ve usted la diferencia?

Ahora bien; habría sido irresponsable de parte de Dios haber puesto al hombre en un lugar desierto, sin agua y sin alimento, con pocas posibilidades de sobrevivencia y cuya única o posible salida era echar mano de lo primero que encontrara. La Biblia dice que Dios puso al hombre en el huerto de Edén; es decir, “en el huerto de las delicias”. ¿Era esto poco para Adán y su esposa?

Aquí también aprendemos algo importante: No basta con saber correctamente lo que Dios ha dicho, sino también evitar añadir a lo que Dios ha dicho y obedecer a lo que Dios ha dicho. Note lo que dijo la serpiente en 3:1c y lo que Dios había dicho en 2:16. La mujer la corrigió, pero le añadió un pedacito: “ni le tocareis”; ¿Cuándo dijo Dios eso? Eso pasa cuando hablamos más de la cuenta y no nos damos cuenta. Pero bien; como la serpiente no pudo vencerla con la razón (la mujer sabía la palabra de Dios), entonces se le fue por los sentimientos y por allí la tocó (3:4-6); la mujer vio, codició, tomó y comió. ¿Tan hambrienta estaba Eva que necesitó comer de ese fruto? ¿Qué pasó con la palabra, con la cual ella misma había corregido a la serpiente? ¿Le pudieron más los sentimientos que la razón basada en la palabra de Dios?

Las consecuencias no se dejaron esperar y los ríos de aquel cerro comenzaron a fluir: Vergüenza, culpa, miedo, acusación, dolor, maldición, desplazamiento, muerte y todo los demás ríos, de cuyas aguas hoy muchos estamos consumiendo.

Pero qué bendición; Gracias al gran Dios de amor y de gracia, porque en medio de todo este desastre, dio a la humanidad una luz de esperanza con lo que dice en 3:15. Este texto es la primera profecía de la venida del Mesías; estas palabras están dirigidas a la serpiente (Satanás). A partir de aquí fueron 4.000 años de lucha entre Satanás y la mujer; entre las dos simientes; de allí que siempre que Satanás sospechó que alguien sería el Mesías, procuró matarlo desde niño. Pero gloria a Dios; hace 2.000 años Jesucristo le aplastó la cabeza a Satanás y es nuestro Campeón, nuestros Salvador, nuestro Mesías, Libertador del poder de Satanás o Diablo, del pecado y de sus consecuencias. Dios nos ama y tiene planes bien para nosotros.

Feliz y bendecido día para todos.

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