Carisma Radio – El deber de trabajar

Pr. Manuel Gamboa

Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.

Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.

Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.

Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros. La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo. (2 Tesalonicenses 3:6-17)

La verdadera esperanza que tenemos en Dios nos ha de mover a facilitar de todas las maneras posibles, que “la palabra… corra y sea glorificada” (3:1), pero también nos ha de mover a la práctica de una conducta social ordenada (3:7, 11). La esperanza debe producir frutos espirituales, pero también frutos sociales. Definitivamente esto es así. Si alguien se quiere pasar de listo y en su vida de creyente no son evidentes estas dos clases frutos, la orden es apartarse de esa persona (3:6), señalarlo y no juntarse con ella (3:14).

Una conducta social ordenada consiste en la vivencia de varias cosas, entre otras:
– Ser consistentes con la enseñanza bíblica recibida (3:6);
– Ser consistentes con el ejemplo de los verdaderos líderes (3:7);
– Ser consistentes con las necesidades de los demás (3:8);
– Ser consistentes con lo que le estamos enseñando a otros (3:9);

La observación predominante en este pasaje es sobre el deber de trabajar. Pablo corrige una actitud que rápidamente se estaba extendiendo entre los creyentes, que basándose en una lectura de la primera Carta decían: ¡Cristo viene pronto! ¡La venida del Señor está cerca! ¡Preparémonos; Cristo viene! Y como consecuencia, si ya Cristo está por venir otra vez, ¿Por qué preocuparnos por ganarnos la vida? ¿Por qué no esperar y mientras tanto comer de lo que los hermanos pudientes tienen? Vivamos y disfrutemos, mientras esperamos que Cristo venga. ¡Cuidado! Una verdad mal entendida y usada para aprovecharse de los demás. Pablo dice a la verdadera iglesia, apártense de esa gente; no se junten con esa gente; y si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.

Los creyentes no deben sostener relaciones íntimas y personales con quienes no obedecen a Dios (Rom. 16:17; I Cor. 5:11). Todo esto se aplica a los creyentes ociosos que no cooperan, a los que se vuelven parásitos (inválidos espirituales, pero también inválidos sociales); que se rebuscan argumentos bíblicos o los mal interpretan, para validar su mala conducta y sacar provecho. ¿Qué se puede hacer con estos hermanos?

En primer lugar, “señaladlo” (3:14). Aquí en el contexto no implica hacerles “bullying”, sino dejar constancia firmada por el grupo o una autoridad reconocida por todos, que aquellas personas no hará más parte del grupo (disciplina exclusiva).

En segundo lugar, “amonestadle como a hermano” (3:15); en este caso, con los que son corregibles (Stg. 5:19-20), porque habrá algunos que serán incorregibles (Tito 3:10). Pablo esperaba que estos hermanos ociosos se avergonzaran a sí mismos en su interior y se arrepintieran de su actitud por el consejo de los hermanos (disciplina correctiva).

En todo este proceso es bueno atender la enseñanza bíblica y seguir el buen ejemplo de nuestras autoridades espirituales (3:6-7), para así evitarnos dificultades entre hermanos (disciplina preventiva).

El apóstol Pablo rechaza toda actitud de fanatismo y señala que la vida cristiana es una vida normal, natural, pero también de cumplir responsabilidades. Muchos habían olvidado (de adrede quizás) la parte que dice: “…ocupaos en vuestros negocios, y trabajad con vuestras manos… para que no tengáis necesidad de nada” (1 Tes.4:11-12); igualmente tener en cuenta lo recordado en Hechos 20:34-35. Para los griegos, los trabajos manuales eran para los esclavos; y para los plebeyos y ricos el trabajo intelectual. Pablo rompe con ese esquema aplicando el principio bíblico dado desde la creación (Gn. 2:15) y después de la caída (Gn. 3:19). El trabajo manual es un don de Dios y fue establecido en el Edén antes que el hombre cayera. Desde mi punto de vista, es de celebrar y colaborar con aquellos que en el momento de no tener un empleo, se esfuerzan haciendo algo (manual o intelectual) para suplir sus necesidades; creo que este esfuerzo merece mayor valoración y reconocimiento de todos; yo lo aplico en la medida de mis posibilidades.

Entre otros, son tres los problemas que el apóstol gestiona en esta carta para darles solución:
– El desaliento; solución: Miren los propósitos de Dios para ustedes (Cap. 1).
– El temor; solución: Recuerden que Dios tiene el control (Cap. 2).
– El fanatismo; solución: Afírmense en la palabra y tengan buena conducta, tanto espiritual como en lo social (Cap. 3).

El apóstol Pablo fue un gran defensor de la generosidad hacia aquellos son realmente necesitados; el mismo recogió y ordenó recoger ofrendas para ayudar a los pobre. Pero también el mismo no escatimó palabras para condenar a aquellos que estando sanos, no quieren trabajar; desde el principio su orden fue: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (3:10). Este es un principio que debe ser aplicado tanto en nuestra conducta social, como en nuestra conducta espiritual. Que haya fruto espiritual y también fruto social, mientras esperamos la venida del Señor.

Feliz y bendecido día para todos.

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