Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

»Cuando el Señor tu Dios haya extendido tu territorio, según te lo ha prometido, y digas: “¡Cómo quisiera comer carne!”, podrás comer toda la carne que quieras. Si queda demasiado lejos el lugar donde el Señor tu Dios decida habitar, podrás sacrificar animales de tus ganados y rebaños, según mis instrucciones, y comer en tus pueblos todo lo que quieras. Come de su carne como si fuera carne de gacela o de ciervo. Estés o no ritualmente puro, podrás comerla. Pero asegúrate de no comer la sangre, porque la sangre es la vida. No debes comer la vida con la carne. 24 En lugar de comerla, derrámala en la tierra como si fuera agua. No comas la sangre, para que te vaya bien a ti y a tu descendencia, pues estarás haciendo lo recto a los ojos del Señor.

»Las cosas que hayas consagrado, y las ofrendas que hayas prometido, prepáralas y llévalas al lugar que el Señor habrá de elegir. 27 Tanto la carne como la sangre de tus holocaustos las ofrecerás sobre el altar del Señor tu Dios. Derramarás la sangre sobre el altar, pero podrás comer la carne.

»Ten cuidado de obedecer todos estos mandamientos que yo te he dado, para que siempre te vaya bien, lo mismo que a tu descendencia. Así habrás hecho lo bueno y lo recto a los ojos del Señor tu Dios. (Deuteronomio 12:20-28)

En el paso de 40 años del pueblo de Israel por el desierto vale recordar tres lugares muy importantes: Sinaí, Cades Barnea y Moab; fueron lugares donde el pueblo estacionó por algún tiempo y recibió instrucciones de parte de Dios. Este capítulo nos cuenta parte de las instrucciones recibidas en Cades y que tienen que ver con la adoración a Dios: La manera y el lugar correcto, es decir, cómo se debía adorar (en este caso comer la carne del sacrificio) y en qué lugar de la tierra a poseer se debía adorar.

De acuerdo a las instrucciones en este capítulo, el lugar sería el mismo que ya antes se había indicado y donde se deberían llevar los holocaustos, los sacrificios, los diezmos, las ofrendas mecidas, los votos, las ofrendas voluntarias y las primicias (no se habla ofrendas de pactos, pero sí de votos); ver 12:5-7.

Aquí las instrucciones son claras:
– La clase de carne que sí se ha de comer (12:15-17, 22).
– El lugar correcto donde se ha de hacer el sacrificio (12:13, 18, 21, 27).
– La forma correcta como se ha de hacer el sacrificio (12:16, 23-25).

Conforme al deseo del pueblo (12:20), ellos podrían comer carne; (en adoración a Dios) pero debían mantenerse firme y no hacerlo como los paganos; por eso serían destruidos los demás altares ( 12:2-3). El verbo “Shamár” del hebreo aparece de muchas formas en este libro; pero en imperativo qal = “Cuídate”, Ten cuidado” “Guarda”, “Guárdate”, aparece doce veces en este libro y cuatro de esas están en este capítulo (12:13, 19, 28 y 30). Significa que las enseñanzas dadas aquí debían ser de especial atención para el pueblo. Observemos que se trata de la manera correcta de adorar a Dios, con respecto al lugar y con respecto a aquello que se le ofrece a Dios. Observemos también que de esto dependía que le fuera bien (o mal) al pueblo (12:25 y 28) y eso tiene que ver con la vida feliz, bendecida y saludable del pueblo (o lo contrario si desobedecía).

La obediencia es un valor y un principio que nunca ha perdido ni perderá su razón de ser; los padres la piden a sus hijos, los patrones a sus empleados, las autoridades al pueblo; en todos los ámbitos de la vida la obediencia o la desobediencia son causantes que generan efectos o consecuencias que puede trascender positiva o negativamente hasta largo plazo.

En cuanto a la palabra de Dios, “la obediencia inteligente” siempre ha sido y será camino a la bendición. Dios quiere mantener bendecido a su pueblo y para esto lo único que le pide es obediencia; una obediencia que no es ciega ni sin sentido; confiamos en Dios porque le conocemos (y él se da a conocer = revelación) y nuestro conocimiento de él nos genera confianza (fe); confianza que es afirmada, confirmada y creciente día a día, según nuestra relación con Dios, lo que vemos de él y lo que oímos de él.

Ciertamente la ley de Dios nos obligaba por medio de mandamientos y estatutos a obedecer a la voluntad de Dios para ser bendecidos; pero ahora, la gracia de Dios por medio del evangelio nos capacita para (de forma inteligente) conocer y obedecer la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios; teniendo en cuenta que ya no es el sacrificio de animales en un lugar determinado, sino que el sacrificio correcto es “nuestro cuerpo”, la forma correcta es “vivo, santo y agradable a Dios” y el lugar correcto “en espíritu y en verdad” (Rom. 12:1-2; Jn. 4:23-24).

Recordemos: La obediencia (inteligente) es el camino a la bendición. No hay otro camino a la bendición, ni en la ley de Dios ni en la gracia de Dios.

Feliz día y bendiciones para todos.

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