Carisma Radio – ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. ¿Quién puede proclamar las proezas del Señor, o expresar toda su alabanza?

Dichosos los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo. Recuérdame, Señor, cuando te compadezcas de tu pueblo; ven en mi ayuda el día de tu salvación. Hazme disfrutar del bienestar de tus escogidos, participar de la alegría de tu pueblo y expresar mis alabanzas con tu heredad.

Hemos pecado, lo mismo que nuestros padres; hemos hecho lo malo y actuado con iniquidad. Cuando nuestros padres estaban en Egipto, no tomaron en cuenta tus maravillas; no tuvieron presente tu bondad infinita y se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo. Pero Dios los salvó, haciendo honor a su nombre, para mostrar su gran poder.
9 Reprendió al Mar Rojo, y éste quedó seco; los condujo por las profundidades del mar
como si cruzaran el desierto.

Los salvó del poder de sus enemigos, del poder de quienes los odiaban. Las aguas envolvieron a sus adversarios, y ninguno de éstos quedó con vida. Entonces ellos creyeron en sus promesas y le entonaron alabanzas». (Salmo 106:1-12)

Este es quizás el salmo que mayor número de referencias y alusiones históricas tiene, para traer a la memoria las obras de Dios a favor de su pueblo, pero también los actos de rebeldía del pueblo de Israel. La mayoría de las referencias o alusiones vienen del Pentateuco; hay otras del libro de los Jueces, de 2 Crónicas, de Esdras y de Nehemías. Son 36 alusiones a casos informados en más de 50 pasajes de los libros citados. Este salmo es el último del Libro IV de los salmos (90 a 106) y el primero del grupo de 11 salmos titulados o que comienzan con un “Aleluya”. Se desconoce su autor y contexto, aunque probablemente sea de la época del regreso del cautiverio babilónico.

Este salmo tiene el propósito de inspirar al pueblo mayor fidelidad a Dios, recordando la historia de todo lo que Dios había hecho conforme a su pacto, a pesar de la desobediencia y rebeldía de la nación. Dios siempre quiso y quiere renovar su pacto con el pueblo que ha escogido; para esto, siempre es bueno traer a la memoria los hechos pasados de Dios. Dios ha obrado y su pacto continúa; así como en el pasado, el puede y quiere hacerlo de nuevo.
El salmo inicia y termina con un “aleluya”, que es la expresión de un fuerte deseo y la invitación a alabar a Dios. En el versículo 1 se expresa algo del carácter de Dios, lo cual es también razón para alabarle:

– “Porque él es bueno”,
– “Porque para siempre es su misericordia”

En los versículos 2 y 3 se describe a los verdaderos seguidores del Señor:

– Son los que expresan las poderosas obras de Jehová;
– Son los que cuentan sus alabanzas; es decir, alaban a Dios públicamente;
– Son los que guardan sus juicios (advierten al pueblo);
– Son los que hacen justicia todo el tiempo (buscan el bien de todos).

Los verdaderos seguidores del Señor son los que le adoran de la misma manera como hablan de él, de la misma manera como viven delante de él y de la misma manera como le obedecen. No hay más. Recordemos también que la meta de la fe bíblica no es solo el cielo algún día, sino ser como Cristo ahora y cada día (Luc. 9:23).

En el versículo 4 tenemos dos peticiones imperativas, como es común en los salmistas:

– “Acuérdate de mí, oh Jehová…”;
– “Visítame con tu salvación.

Y en el versículo 5 se expresa el propósito de esas sus peticiones:

– “Para que yo vea el bien de tus escogidos”;
– “Para que me goce en la alegría de tu nación”;
– Para que “me gloríe en tu heredad”.

El salmista fundamenta sus peticiones en el hecho que ellos (Israel) son “tus escogidos”, “tu nación” y “tu heredad”. ¿Qué hechos pueden ser más importantes que estos?
El versículo 6 es una confesión, común en los verdaderos seguidores del Señor; de aquellos que no se excluyen al hablar de los pecados de su pueblo, se identifican con su pueblo y asumen su responsabilidad por las consecuencias.

Finalmente, a partir del versículo 7 tenemos el recuento o memoria de todos aquellos hechos de Dios a favor de su pueblo comenzando desde Egipto, pasando por Canaán y hasta Babilonia; hechos que luego dice que olvidaron los israelitas (106:13…). Nuestro Dios es Dios que hace cosas; no lo olvidemos.

Un punto a resaltar en esta reflexión es la bienaventuranza o dicha de aquellos que “guardan juicio y hacen justicia todo el tiempo.” Una vez más recordemos que la meta de la fe bíblica no es solo el cielo algún día, sino ser como Cristo ahora y cada día. A pesar de todo los que nos haya pasado y las dificultades que hayamos vivido, dejemos atrás toda rebeldía, toda incredulidad, toda desobediencia, toda mala relación con nuestros semejantes y con Dios y digamos (solos o acompañados) al comenzar, al transcurrir y al terminar el día “ALELUYA”, porque Dios es bueno y para siempre es su misericordia.

Feliz día para todos.

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