Buen testimonio

     Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«La reina de Sabá se enteró de la fama de Salomón, con la cual él honraba al Señor, así que fue a verlo para ponerlo a prueba con preguntas difíciles. Llegó a Jerusalén con un séquito muy grande. Sus camellos llevaban perfumes y grandes cantidades de oro y piedras preciosas. Al presentarse ante Salomón, le preguntó todo lo que tenía pensado, y él respondió a todas sus preguntas. No hubo ningún asunto, por difícil que fuera, que el rey no pudiera resolver.

La reina de Sabá se quedó atónita al ver la sabiduría de Salomón y el palacio que él había construido, los manjares de su mesa, los asientos que ocupaban sus funcionarios, el servicio y la ropa de los camareros, las bebidas, y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor. Entonces le dijo al rey: «¡Todo lo que escuché en mi país acerca de tus triunfos y de tu sabiduría es cierto! No podía creer nada de eso hasta que vine y lo vi con mis propios ojos. Pero en realidad, ¡no me habían contado ni siquiera la mitad! Tanto en sabiduría como en riqueza, superas todo lo que había oído decir. ¡Dichosos tus súbditos! ¡Dichosos estos servidores tuyos, que constantemente están en tu presencia bebiendo de tu sabiduría! ¡Y alabado sea el Señor tu Dios, que se ha deleitado en ti y te ha puesto en el trono de Israel! En su eterno amor por Israel, el Señor te ha hecho rey para que gobiernes con justicia y rectitud.»

Luego la reina le regaló a Salomón tres mil novecientos sesenta kilos de oro, piedras preciosas y gran cantidad de perfumes. Nunca más llegaron a Israel tantos perfumes como los que la reina de Sabá le obsequió al rey Salomón.

La flota de Hiram trajo desde Ofir, además del oro, grandes cargamentos de madera de sándalo y de piedras preciosas. Con la madera, el rey construyó escalones para el templo del Señor y para el palacio real, y también hizo arpas y liras para los músicos. Desde entonces, nunca más se ha importado, ni ha vuelto a verse, tanto sándalo como aquel día.

El rey Salomón, por su parte, le dio a la reina de Sabá todo lo que a ella se le antojó pedirle, además de lo que él, en su magnanimidad, ya le había regalado. Después de eso, la reina regresó a su país con todos los que la atendían. » (1 Reyes 10:1-13)

Leer esta historia lo deja a uno impresionado por varias cosas:

1. La fama mundial que alcanzó Salomón con la sabiduría que Dios le dio.
2. La gran cantidad de personajes mundiales que le visitaban para oirle.
3. La gran cantidad de riquezas que los visitantes le llevaban a Salomón.
4. La inspiración que causaba conocer a Salomón.

En este último punto me sorprende las palabras de la reina de Sabá (10:8-9). Las palabras de esta mujer quedaron en la Biblia y para la eternidad como palabra inspirada por Dios; una mujer que quizá nada sabía de Dios, declarando los hechos y la bendición de Dios sobre Salomón y sobre Israel; ¡Impresionante! Además, ella le da a Salomón entre todos los regalos que le trajo, “veinte talentos de oro”; ¿Alguien sabe cuanto es eso en dolares hoy? Estoy impresionado de lo que dijo e hizo esta reina…

Quizá tu y yo no lleguemos a tener la fama de Salomón, pero que nuestro testimonio sea tal, que haga que aún gente que no conoce a Dios, glorifiquen a Dios por nuestro testimonio o fama (Mt. 5:16).

BENDICIONES PARA TODOS.

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