Agar y Sara

 Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Díganme ustedes, los que quieren estar bajo la ley: ¿por qué no le prestan atención a lo que la ley misma dice? ¿Acaso no está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre? El de la esclava nació por decisión humana, pero el de la libre nació en cumplimiento de una promesa. Ese relato puede interpretarse en sentido figurado: estas mujeres representan dos pactos. Uno, que es Agar, procede del monte Sinaí y tiene hijos que nacen para ser esclavos. Agar representa el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la actual ciudad de Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud. 26 Pero la Jerusalén celestial es libre, y ésa es nuestra madre. 27 Porque está escrito:

›Tú, mujer estéril que nunca has dado a luz, ¡grita de alegría! Tú, que nunca tuviste dolores de parto, ¡prorrumpe en gritos de júbilo! Porque más hijos que la casada tendrá la desamparada‹.

Ustedes, hermanos, al igual que Isaac, son hijos por la promesa. 29 Y así como en aquel tiempo el hijo nacido por decisión humana persiguió al hijo nacido por el Espíritu, así también sucede ahora. 30 Pero, ¿qué dice la Escritura? «¡Echa de aquí a la esclava y a su hijo! El hijo de la esclava jamás tendrá parte en la herencia con el hijo de la libre.» 31 Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava sino de la libre.» (Gálatas 4:21-31)

“No hay cuña que más apriete que la del mismo palo”; un dicho que es aplicado aquí a los gálatas por el apóstol Pablo. ¡Oh sorpresa para los gálatas, especialmente maestros judíos! Ya a los gálatas gentiles les acaba de hablar en 4:8-20. Pablo echa mano de la historia que ellos los judaizantes conocen a la perfección y en la cual fundamentan lo que están enseñando; construye una alegoría y con esa misma historia echa al piso todos los argumentos de ellos.

Agar es la esclava; su hijo Ismael es nacido bajo esclavitud; es nacido producto de la carne; representa al pacto de la ley dada en el monte Sinaí en Arabia, da hijos para la esclavitud y que corresponde en tipo a la Jerusalén terrenal (la actual en tiempos de Pablo), capital del judaísmo legalista y servil), la cual está (en aquel presente) con sus hijos en esclavitud, es decir, bajo la ley.

Sara es la libre; su hijo es nacido libre, bajo libertad; es nacido producto de una promesa; representa al nuevo pacto (de la gracia dado en el monte Gólgota) que da hijos para la libertad y que corresponde a la Jerusalén (celestial) de arriba, la cual es madre de todos nosotros, que somos hijos nacidos para la libertad, es decir bajo la gracia de Dios, libres.

Ahora vienen las preguntas: ¿Qué quieren ser ustedes: Hijos de la esclava o hijos de la libres? ¿Hijos del esfuerzo propio o hijos de la promesa? ¿Hijos de la voluntad de la carne o hijos de la voluntad de Dios? ¿Hijos sin promesa de herencia o hijos con promesa de herencia? ¿Ciudadanos de la Jerusalén terrenal o ciudadanos de la Jerusalén celestial? ¿Hijos para la tristeza (esclavos) o hijos para la alegría (libres)? Y con respecto a la época de Abraham, ¿Hijos por una costumbre social o hijos por una intervención divina?

Para reforzar su argumento, el apóstol Pablo cita a Isaías 54:1; ellos lo saben perfectamente, pero que quizá siempre se aplicó a la restauración de Israel después del exilio y frente a otras naciones vecinas, pero nunca se les ocurrió dar su interpretación y aplicación en este sentido. Al presente esto quiere decir que más son los hijos de la Iglesia (nacidos libres en Jesucristo) que los hijos del judaísmo (nacidos esclavos en la ley).

Tenemos entonces estos dos nacimientos: Ismael e Isaac. Aunque Ismael fue hijo de Abraham, por haber nacido de una esclava, esclavo sería; Isaac por haber nacido de la libre, libre sería; así lo determinaba el Código de Hamurabi, el cual regía en ese tiempo. Aquí vemos cómo Dios tiene el control del mundo y su historia.

En el versículo 29 Pablo parece saltar en mente de la relación Ismael-Isaac a la relación Esaú-Jacob; sin embargo, sigue haciendo referencia a Ismael (nacido según la carne) e Isaac (nacido según el Espíritu). De cualquiera de las relaciones la lección y aplicación es clara en el momento y ha sido clara en la historia; no hay manera de refutarla. Se refiere además a la animosidad histórica entre judíos y gentiles, acentuada con el nacimiento del judaísmo y aún vigente para ese tiempo.

Es interesante que esto que aquí se le llama alegoría no sea sobre elementos en figura, sino sobre personas reales de una historia conocida; por eso algunos le llaman “tipología”: Agar la esclava, tipo de la ley y el judaísmo; Sara la libre, tipo de la gracia y el cristianismo. Interesante también cómo las palabras de Sara (Gen. 21:10) citadas por Pablo en 4:30, se convierten en palabra profética, que tiene su aplicación en los gálatas: Los maestros y demás judaizantes deben ser echados ¡FUERA! No tienen parte con los hijos de la libre, la iglesia.

Qué hermosa y contundente conclusión la del versículo 31: “…no somos hijos de la esclava, sino de la libre” y qué bien la advertencia que sigue en 5:1: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.

Pregunta otra vez: De acuerdo al argumento de esta carta, ¿De quién queremos ser hijos y por qué?

Feliz día y bendiciones para todos.

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