Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: Hijo de hombre, tus hermanos, tus parientes, los hombres en el destierro contigo y toda la casa de Israel, todos ellos, son aquellos a quienes los habitantes de Jerusalén han dicho: “Alejaos del SEÑOR; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.”

Por tanto, di: “Así dice el Señor DIOS: ‘Aunque yo los había echado lejos entre las naciones, y aunque yo los había dispersado por las tierras, sin embargo fui para ellos un santuario por poco tiempo en las tierras adonde habían ido.'”
Por tanto di: “Así dice el Señor DIOS: ‘Yo os recogeré de entre los pueblos y os reuniré de las tierras entre las cuales habéis sido dispersados, y os daré la tierra de Israel.'” Cuando lleguen allí, quitarán de ella todas sus cosas detestables y todas sus abominaciones. Yo les daré un solo corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Y quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que anden en mis estatutos, guarden mis ordenanzas y los cumplan. Entonces serán mi pueblo y yo seré su Dios. Pero en cuanto a aquellos cuyo corazón va detrás de sus cosas detestables y abominaciones, haré recaer su conducta sobre su cabezadeclara el Señor DIOS». (Ezequiel 11:14-21)

Inicialmente cuando Dios llamó a Ezequiel para el ministerio profético, no le dio ninguna esperanza de buenos resultados en su predicación; el ambiente era desesperanzador. Doce o trece años antes (605 a.C.), junto con Daniel y sus tres amigos un gran grupo de los de su pueblo habían sido llevados cautivos a Babilonia; él mismo ya llevada cinco años de cautiverio. Tanto la gente que fue llevada al cautiverio (a la cual él iba a ministrar) como la que fue dejada, eran de un comportamiento muy difícil (2:3, 4, 6). Para colmo, cinco años más tarde de haber empezado su ministerio, recibió la noticia que Jerusalén y su templo habían sido destruidos por completo y mucha gente de rango llevada también al cautiverio (587 a. C.); Además, que el largo ministerio de Jeremías no había dado ningún resultado. Qué ánimo y qué esperanzas para seguir predicando. ¿Cuantas preguntas pasarían por la mente de Ezequiel?

En nuestro texto de hoy notamos que Ezequiel está muy preocupado; además de toda la situación social y política que se estaba viviendo, ahora se añadían los insultos a los cautivos, nada menos que de sus propios hermanos que habían quedado en Jerusalén. ¿Sabe usted lo que se siente recibir insultos públicos de la propia familia y en una situación de crisis personal? Hay que estar “en carne propia” para saberlo; no se siente lo mismo “en cuerpo ajeno” o leyendo la historia. Ezequiel ve en el espíritu a 25 hombres, parados en una de las puertas del templo, maquinando perversidades en contra de sus hermanos cautivos (11:1-3) y diciéndoles aléjense de Dios (de Jerusalén, del templo y de nosotros), porque esta tierra ya no es de ustedes, Dios ya nos la dio en posesión (11:15). Otra manera: “Ustedes se alejaron de Dios y por eso él ahora nos da en posesión esta tierra”. Esta es una aplicación salvaje de: “Al caído hay que caerle con todo y en gavilla; quitémosle hasta la vida”. ¿Habrá gente que todavía hace esto? Para esta clase de gente Dios tiene una palabra bien fuerte (Lea 11:4-12).

La situación preocupaba tanto a Ezequiel, que le preguntó a Dios: “¿Destruirás del todo al remanente de Israel?” (11:13b). Una pregunta parecida le hicieron los discípulos a Jesús (Hch. 1:6). Dios había declarado juicio en contra de los que maquinaban el mal contra los cautivos y hasta le hizo morir a uno de los cabecillas (11:13a); pero ¿Qué iba a pasar con los cautivos? ¿Cuál sería el curso o final de la historia para ellos? Dios respondió de inmediato a la oración de Ezequiel con una palabra que trajo esperanza a su corazón y un mensaje con contenido quizá con mucho más de lo que él esperaba (11:16-20) ¡Ese es nuestro Dios; él va más allá de nuestras expectativas! (Ef. 3:20) y hasta nos cambiará el corazón, la máquina productora de nuestros pensamientos (Mt. 15:19).

Dios no solo promete restaurar al remanente de Israel, sino que también anuncia que traerá más juicio sobre la cabeza y corazón de los que maquinan el mal contra su pueblo y andan en sus propios caminos; es decir, a estos les va a pasar más del doble de lo que le desean al pueblo de Dios. Quien se mete con el pueblo de Dios, se mete con Dios; y si Dios es con su pueblo, ¿Quién prosperará contra él?

La expresión: “Sabréis (o sabrán) que yo soy Jehová” aparece 62 veces en este libro. A pesar de que ciertamente los cautivos estaban en esa situación por su pecado, los pactos y las promesas de Dios seguían en firme para su pueblo. Dios anunció y demostró todo lo que él estaba dispuesto a hacer para defender y restaurar a su pueblo; para hacer saber a las naciones quién era él delante de los enemigo de su pueblo.

El mensaje de Ezequiel a los cautivos es también el mensaje de esperanza para nosotros hoy. No importa que situación estemos viviendo hoy en nuestra nación, en nuestro pueblo o ciudad, en nuestras instituciones, en nuestra familia o a nivel personal; este mensaje es para nosotros hoy. ¿Alguien quiere saber quién es Dios en juicio? Pues que se meta con su pueblo o con uno de su pueblo y sabrá quien es Dios defendiendo a los suyos. ¿Alguien está viviendo una situación adversa, de la que otros se están aprovechando, insultando, o menospreciando? Pues pregúntele a Dios qué capítulo de su vida sigue, confíe en él y verá todo lo que él es capaz de hacer; verá a Dios sobrepasando sus expectativas; porque ciertamente está probado, demostrado y comprobado, que “Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?…Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Rom. 8:31, 37). Quizás estamos hoy a punto de ver la gloria y poder de Dios actuando en favor de los suyos. Amén.

Feliz día y bendiciones para todos.

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