Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Dios bendice 
a los que cuidan de los pobres, 
y los pondrá a salvo
 cuando vengan las dificultades.
 Los cuidará y les dará vida, 
los hará vivir felices
en la tierra prometida 
y no dejará que sus enemigos
les hagan ningún daño.
 Cuando se enfermen,
 Dios les dará fuerzas
y les devolverá la salud.
Yo le he pedido a Dios:
 “Tenme compasión;
devuélveme la salud,
pues he pecado contra ti».
 Mis enemigos desean mi mal,
 y hasta dicen: 
«¡Ya quisiéramos verlo muerto, 
para que todos lo olviden!”
Cuando vienen a visitarme 
sólo me traen chismes;
 y cuando se van
salen hablando de mí. Mis enemigos se juntan
con la idea de perjudicarme; 
con las peores intenciones
 hablan mal de mí:
 “Está en cama,
 y no volverá a levantarse.
 ¡Un demonio lo ha atacado!”
Hasta mi mejor amigo,
 en quien yo más confiaba,
 y con quien compartía mi pan,
 se ha puesto en contra mía. Pero tú, Dios mío,
compadécete de mí;
 ¡devuélveme la salud,
 y les daré su merecido!
 Yo estaré seguro
 de haberte complacido
cuando mis enemigos se den cuenta
que he salido victorioso.
 Tú siempre me sostendrás 
y me mantendrás en tu presencia, 
porque soy inocente. ¡Bendito sea el Dios de Israel,
 ayer, hoy y siempre!
 ¡Así sea!»  (Sal 41, 1 – 13)

Con este salmo se cierra el primer libro de salmos. Comienza presentándonos una verdad general (vs.1-3) y termina con una alabanza formal a Dios, indicando el final de este primer libro (v.13). Quizá este salmo pertenece al tiempo en el que el hijo de David, Absalón, trató de usurpar el trono (2 Sam. 15), aunque en el relato no hay referencia de que él estuviera enfermo.

Así como el salmo 38, el salmista está en una aflicción profunda: Es objeto del abandono de su amigo de confianza ¿Ahitofel de 2 Sam. 17:23? Igual que Judas en Juan 13:18 (v.9); es objeto de una severa enfermedad de la que muchos pensaban que no se va a levantar (vs.7, 8); además, muchos en su presencia hablan bien, pero cuando salen, entonces hablan mal de él (v.6) y sus enemigos se preguntan: ¿Cuándo es que éste se va a morir? (v.5). Mientras tanto, el salmista ora al Señor pidiendo su sanidad, pero también confesando su pecado (v.4). Esta parte es como una historia contada al revés.

La declarada bienaventuranza del inicio de este salmo nos direcciona en algo que debemos hacer mientras vivimos: Pensar en el pobre; lo que en algún sentido hoy llamamos “sembrar”. El que siembra espera un día cosechar de lo que ha sembrado, porque también esa es la ley de la vida (Gal. 6:7). Esta verdad y bienaventuranza del salmo está en concordancia con muchas otras verdades bíblicas. En Proverbios 14:21 y 19:7 entre otros, nos enseñan de la recompensa que tenemos de Dios cuando ayudamos al que es pobre. Jesús también habló de recompensar por nuestra generosidad.

Una de las peores cosas que nos pudiera pasar es que en una enfermedad o cualquier otra calamidad, nadie nos ayude ni se acuerde de nosotros; aunque el Señor escucha nuestro clamor, es muy alentador saber que nuestros amigos y las personas a quienes hemos ayudado se acuerdan de nosotros. Apropiémonos de esta bienaventuranza y bendigamos la vida de otros mientras vivamos.

FELIZ DIA.