Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Dichoso el que teme al Señor, el que halla gran deleite en sus mandamientos. Sus hijos dominarán el país; la descendencia de los justos será bendecida. En su casa habrá abundantes riquezas, y para siempre permanecerá su justicia. Para los justos la luz brilla en las tinieblas.

¡Dios es clemente, compasivo y justo! Bien le va al que presta con generosidad, y maneja sus negocios con justicia. El justo será siempre recordado; ciertamente nunca fracasará. No temerá recibir malas noticias; su corazón estará firme, confiado en el Señor. Su corazón estará seguro, no tendrá temor, y al final verá derrotados a sus adversarios. Reparte sus bienes entre los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será gloriosamente exaltado. El malvado verá esto, y se irritará; rechinando los dientes se irá desvaneciendo. ¡La ambición de los impíos será destruida!» (Salmo 112:1-10)

Así como el salmo anterior, este también es un salmo acróstico; en el hebreo original cada versículo se compone de dos líneas, excepto los versículos 9 y 10 que tienen tres líneas y cada una empieza con una letra del alefato (no se nota en español). El alefato o alfabeto Hebreo tiene 22 letras, las cuales se pueden ver o leer claramente desde la primera hasta la última en el salmo 119, en casi todas las versiones de la Biblia. El salmo 112 es también otro de la serie de “salmos aleluyas”.
Mientras que el salmo 111 fue compuesto para expresar alabanzas a Dios, el salmo 112 fue compuesto para dar alabanzas al hombre que teme a Dios. En este pequeño salmo hay 20 palabras de bendición para los fieles que siguen al Señor; palabras que tienen que ver con lo personal, con la familia y con sus relaciones interpersonales en los distintos ámbitos de la vida. Casi todas estas bendiciones se dan en el contexto material (físico y social). Comienza declarándole una bienaventuranza y en contraste, termina anunciándole la impotencia y derrota final para sus enemigos.
El término “bienaventurado” (en hebreo = ashré) aparece 44 veces en el Antiguo Testamento, de las cuales 26 están en los salmos y 8 en los Proverbios. Lo interesante es que en el Hebreo no es un término singular como aparece en Español; en Hebreo es un término que siempre aparece en constructo plural (ashré). Donde nuestra Biblia en Español dice: “Bienaventurado el hombre que…” en el Hebreo dice: “Bienaventuranzas del hombre que…”; es como cuando uno le dice a alguien: “¡Bendiciones…!”, “¡Felicidades…”! o “¡Felicitaciones por…!” De acuerdo a esto, la persona a quien se le declara las bienaventuranzas, se hace acreedora de cualquier cantidad de bendiciones multiplicadas de manera exponencial a la “n” veces de parte de Dios.
De esta manera, a una persona bienaventurada, así viva muchos días, no le alcanzarán los años para enumerar la cantidad de bendiciones que recibirá de parte de Dios, como resultado de temer a Dios y deleitarse en sus mandamientos.
Temer a Dios y deleitarse en sus mandamientos son acciones claves para hacer realidad estas 20 bendiciones en la vida de una persona. Definitivamente no hay mejor negocio redondo que este. Aunque como humanos poseemos una naturaleza caída, nuestra obediencia, nuestra fidelidad y nuestra fe unidas a la gracia de Dios, hacen que su misericordia se active sobre nosotros, tanto para nuestra salvación presente y futura, como para las bendiciones en todas las áreas de nuestra vida presente y futura.
El versículo 1 en el Hebreo es como una introducción al capítulo. Una traducción literal del versículo es: “Las bendiciones del hombre que teme a Yahweh, que en sus mandamientos se deleita en gran manera”; y es como si hubiese dos puntos (:) y aparte para lo que sigue. ¿De acuerdo a esta introducción, cuantos calificamos para las bendiciones que en este capítulo se mencionan? ¿Somos de verdad acreedores de estas alabanzas y bendiciones? La felicidad pertenece a quien teme a Dios; a quien de manera inteligente le respeta, le adora y le obedece.
Quien teme a Dios sabe que le gusta y hace todo por agradearle; a cambio y de acuerdo con los salmos, Dios está listo para servir la mesa delante de él y en presencia de sus angustiadores; a ungir su cabeza con aceite y a rebosar su copa; a hacer que el bien y la misericordia le sigan todos los días de su vida y por donde quiera que vaya; y a darle la dicha de estar por siempre en su casa (Sal. 112:10; 23:6; 112:1 y 84:10). Me gusta esto y espero que a ti también.

Feliz día y bienaventuranzas para todos.

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