Pr. Manuel Gamboa
Pr. Manuel Gamboa

«Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro. 12 En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. 13 El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. 14 En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual». (Hebreos 5, 11-14)

La carta a los Hebreos podríamos llamarla “La Carta de las Advertencias”. Aunque en todas las epístolas encontramos mensajes que nos advierten sobre temas de doctrina y de la vida cristiana, en esta carta se resaltan entre otras, cinco advertencias que son de trascendental importancia para los creyentes en distintas situaciones amenazantes. Aunque algunos utilizan aquí el término “exhortación”, creo que el término “advertencia” es el más aproximado al pensamiento del autor sagrado; Veamos las citas de estas advertencias:

  • 2:1-4 – El parecer que hemos alcanzado el reposo de Dios (Hch. 7, 53);
  • 3:7-15 – El endurecer nuestro corazón a la palabra de Dios (Rom. 1, 20);
  • 5:11-6:8 – El relajarse y conformarse espiritualmente (2 Pedro 3, 17-18);
  • 10:26-31 – El adoptar una actitud hostil y deliberada (2 Tim. 3, 1-9);
  • 12:18-29 – El rechazar la disponible gracia de Dios (Hch. 17, 30-31).

La cita agregada al final de cada advertencia es para aportar al tema; usted puede usar otras.

Ya puede usted ver que nuestra reflexión está relacionada con la advertencia tres y tiene que ver con el relajamiento espiritual. Cuando nacemos a la vida, lo normal y natural es que crezcamos; lo mismo se espera del que nace a la vida cristiana. Hay mucho alimento sólido que es provechoso, pero que solo lo pueden recibir, digerir y aprovechar los que han madurado espiritualmente.

En el caso de los lectores primarios de esta carta, como también cristianos del presente, no se concibe que “debiendo ser ya maestros” (v.12) por el tiempo que llevan como cristianos, tengan todavía necesidad de lecciones sencillas como para un niño. Se nota que el escritor se ve impedido en profundizar sobre el tema del sacerdocio de Cristo; la inmadurez de los creyentes no se lo permite (v.11).

La expresión “tardos para oír” está relacionada con la pereza; esa pereza lleva al cristiano a ser un “inexperto en la palabra de justicia” (se refiere a la verdad cristiana revelada en la palabra de Dios – 2 Tim. 2:15; Mt. 5:6). En contraste con la palabra “inexperto” está la palabra “maduro”. La madurez la da la misma palabra y se demuestra cuando ya se “tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (v.14); es decir, se tiene la capacidad de percibir cuando una doctrina o enseñanza es sana y cuando no la es, cuando una conducta es apropiada y cuando es desviada a la luz de la palabra.

Hagamos que las experiencias y oportunidades de capacitación y formación que Dios nos permite tener con su palabra, no sean vanas para nosotros, sino que nos proporcionen crecimiento y madurez. El tiempo que llevamos como cristianos por sí solo no basta; hay que agregarle el ejercicio de los sentidos empezando a tomar alimento sólido. Muchos se han quedado en el primer llamado del apóstol Pedro, deseando “leche espiritual” (1 Pe. 2, 2); pero recordemos que luego nos hace un segundo llamado a crecer “en la gracia y en el conocimiento de nuestros Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pe. 3, 18). Pasemos de ser infantes espirituales a ser adultos espirituales.

BENDICIONES PARA TODOS.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]