Pr. Manuel Gamboa

Después de esto, el Señor escogió a otros setenta y dos para enviarlos de dos en dos delante de él a todo pueblo y lugar adonde él pensaba ir. «Es abundante la cosecha —les dijo—, pero son pocos los obreros. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que mande obreros a su campo. ¡Vayan ustedes! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. 4 No lleven monedero ni bolsa ni sandalias; ni se detengan a saludar a nadie por el camino.

»Cuando entren en una casa, digan primero: “Paz a esta casa.” Si hay allí alguien digno de paz, gozará de ella; y si no, la bendición no se cumplirá. Quédense en esa casa, y coman y beban de lo que ellos tengan, porque el trabajador tiene derecho a su sueldo. No anden de casa en casa.

»Cuando entren en un pueblo y los reciban, coman lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganles: “El reino de Dios ya está cerca de ustedes.” Pero cuando entren en un pueblo donde no los reciban, salgan a las plazas y digan: “Aun el polvo de este pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos en protesta contra ustedes. Pero tengan por seguro que ya está cerca el reino de Dios.” Les digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma que para ese pueblo. (Lucas 10, 1-12)
Lucas con su investigación (1:1-4) recoge y presenta mucha información que los otros evangelistas no nos dan, ni siquiera Mateo y Juan, los cuales anduvieron con Jesús. En este capítulo tenemos tres de los episodios que solo Lucas cuenta: La misión e informe de los setenta (o setenta y dos; seis por cada una de las tribus de Israel; número que representaba a las naciones o lenguas del mundo en su momento), la parábola de Buen Samaritano y la visita de Jesús a Marta y a María.
De acuerdo con Lucas, a estas alturas Jesús ya había terminado su exitoso ministerio en Galilea y ahora se propone firmemente ir hasta Jerusalén (9:51). En el trayecto Jesús va a pasar por muchos pueblos, en algunos de los cuales pasaría por primera y última vez; para otros sería la última vez. Solo le quedaban unos cuatro o cinco meses antes de ser crucificado.
Antes de enviar a los setenta (setenta y dos), Jesús les da varias instrucciones:
En primer lugar tenemos lo importante de la oración y lo urgente de la misión (evangelización). Jesús utiliza el imperativo “rogad” (deéthete), que en griego es un imperativo aoristo pasivo (o voz media) del verbo “déomai”; la idea es como: “Oblíguense cada uno a suplicar…” o “Sean obligándose a sí mismos a rogar” al Señor de la mies para que…; y aquí viene el otro verbo: (que) “envíe” (ekbále); esto en griego es un subjuntivo aoristo activo del verbo “ekbálo”; la idea es que el Señor “despida (expulse, arroje, lance, dispare) obreros a la mies”. Aquí vemos lo importante de la oración y lo urgente de la misión. La oración no debe ser hecha de afán o a las carreras; en la misión sí hay que correr porque somos lanzados, la mies es mucha y el tiempo de cosechar es limitado.
En segundo lugar, tan urgente es la cosecha que el Señor pide dos cosas: No llevar carga, ni saludar a nadie en el camino (10:4). La misión tiene un objetivo y no debe haber cosa que entretenga. La idea uno es depender de Dios y de las personas que reciban el mensaje (10:5-8); la idea dos se refiere a los saludos prologados que se usaban en aquellos tiempos, especialmente en la cultura judía. Un ejemplo de saludo y visita “de prisa” lo tenemos el 1:39-56; la prisa de María fue que duró tres meses saludando a Elizabet (v. 39, 40, 56). En el cumplimiento de la misión no hay tiempo para este tipo de saludos.
En el capítulo anterior, en su inicio, Lucas nos cuenta de la primera actividad evangelística enviando seis grupos de dos; en esta segunda actividad son 36 grupos de dos. Aquí Jesús es estratégico y considerado, ya que sería muy difícil para una ciudad y menos para una familia recibirlos a todos juntos. El primer grupo (de doce) fue a ciudades donde Jesús nunca fue; ellos tenía la misión de predicar el evangelio y sanar a los enfermos (9:2, 6); el segundo grupo ahora es para llevar un mensaje de paz (10:5), sanar a los enfermos y anunciar la llegada del reino de Dios con Jesús el Rey (10:9) a los lugares por donde Jesús iba a pasar.
Cuando los doce regresaron y dieron su informe, Jesús intentó darse con ellos un descanso, pero eso no fue posible (9:10, 11); cuando los setenta regresaron y dieron su informe, quisieron celebrar públicamente con Jesús el éxito de su misión, pero en el momento Jesús les hizo cambiar la motivación de su celebración (10:20); ya aparte, les dice que son bienaventurados por ese gran logro (10:23-24).
Los setenta (o setenta y dos) llegarían a ciudades donde serían bien recibidos; el saludo de “Paz sea a esta casa” sería respondido con un buen recibimiento y una buena atención; allí habría paz, sanidad y el anuncio del reino. La expresión “hijo de paz” describe el carácter de la persona que recibe el mensaje de Dios. El dicho de “el obrero es digno de su salario” era un dicho generalizado y aplicado entre los sectores agrícolas, pero que se aplica también en el ministerio cristiano (Mt. 10:10; I Cor. 9:14; I Tim. 5:18).
Los setenta (y dos) también llegarían a ciudades donde el saludo de paz a una casa no sería bien recibido; el mensaje que los enviados debían dar allí por las calles sería un mensaje de descargo de la responsabilidad ante ellos en el cumplimiento de su misión (10:10,11). Jesús anuncia juicio para aquella ciudad.
¿Cómo sentimos que estamos con respecto a esta misión y al cumplimiento de la gran comisión? ¿Es usted de los piensa que este llamado no es para usted y que por eso no asume ninguna responsabilidad, o más bien piensa lo contrario? En este pasaje bíblico hoy Jesús nos habla a todos de lo importante de la oración y lo urgente de la misión. De otro lado, ¿Es usted un “hijo o hija de paz”? ¿Cómo ha recibido usted al mensaje y a los mensajeros? Que la palabra de hoy cobre vida, nos despierte y dé sentido al llamado que cada uno tenemos de Dios.
Feliz y bendecido día para todos.

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